Cómo era la feria de Ubrique hace ochenta años

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

image Ubrique en 1932 (cuadro V, 9, de la obra “Sierra y campiña de Cádiz”)

En 1932 el erudito alemán Wilhelm Giese estuvo en Ubrique precisamente durante la feria, que se extendía, según indica, del del 14 al 17 de septiembre.

La descripción que hizo de esta fiesta aparece en su libro Sierra y Campiña de Cádiz, traducción al español de Nordost-Cádiz. Ein Kulturwissenschaftlicher Beitrag zur Erforschung Andalusiens (1937) realizada por Manuel Rivas Zancarrón y publicada por la Universidad de Cádiz. (En otro artículo de esta revista ya hemos comentado un apartado de esta obra clásica, esencial en toda biblioteca ubriqueña.)

Copiamos a continuación dicha descripción (páginas 354-357). Léanla, por favor, porque no tiene desperdicio y es sumamente entrañable para un ubriqueño. Habla de los fuegos artificiales, la caseta “El Jardín” (frente a la plaza de toros), de una compañía de teatro que vino a representar una obra con mucho éxito, y de otras curiosidades.

(Todas las ilustraciones de esta entrada son fotografías tomadas por Wilhelm Geise durante su visita a Ubrique en 1932. La música a la que se refiere en el texto es el pasacalle Los nardos, de la zarzuela Las Leandras.)

CAPÍTULO 10. SOBRE CULTURA Y SABERES POPULARES

Fiestas populares

[…]

No tan animada [como la de Ronda], aunque mucho mas típica en configuración, es la feria de Ubrique, que describiré como modelo de ferias de pequeñas poblaciones. No me referiré a otros lugares, que, en lo que he podido observar tras visita (Benaocaz, Prado, Villamartín), estas no son características o no ofrecen peculiaridades especiales.

La vida de la feria comienza en la víspera /bíspera/ (48), cuando los feriantes llegan buscando alojamiento a la ciudad en autobús, a caballo o en mulo desde distintos lugares. Ante la fonda se apiñan los arrieros con sus mulas, una estampa atractiva que aviva aún más la España de los románticos. Los arrieros y campesinos se albergan en el espacioso establo de la fonda, en donde se tienden a descansar al lado de sus animales.

imageCuadro XV, 30

Entretanto, encontramos a trabajadores que aún decoran la plaza para la fiesta. Las farolas se cubren con guirnaldas de hojas y papel, y unidas con maderas festonadas (nuevamente con guirnaldas) en tal forma que surge una especie de soportal (49). Los cristales de las farolas se pegan con papel aceitado, sobre el que se imprime el dibujo de colores. Se extienden cuerdas por encima de la plaza, sobre las que se cuelgan farolillos. También se decoran las placitas secundarias del lugar. Sobre el quiosco de la orquesta, en el centro de la plaza, toma posición una capillita para músicos, todos de uniforme (chaquetas azules y gorros blancos). Lo que le llama la atención al extranjero, como sucede en otros lugares del sur de España, es que entre los músicos se encuentren jóvenes de aproximadamente 14 años. Los conciertos se ofrecen al mediodía, por la tarde y por la noche, existiendo grandes pausas entre cada pieza, las cuales las aprovechan los músicos para mezclarse entre el público y fumar cigarrillos. Solo por la noche se hace mas continuada la serie musical. Otra vez se escucha la canción de moda de la temporada (50), silbada por los jóvenes en las calles y reproducida en otros lugares a través de altavoces desde un tocadiscos.

imageCuadro XVI, 32

Cuando atardece, la plaza empieza a llenarse cada vez de más gente. Por la noche, todas las sillas y mesas instaladas por los cafés se encuentran ya ocupadas. Las mujeres y jóvenes, con ropas modernas (51) y de colores claros, y los hombres, con su sombrero andaluz la mayoría y sin cuellos ni corbatas, se concentran cada vez en mayor número en la plaza, de manera que en algunas ocasiones ni siquiera se puede pasar entre la multitud. En ninguna parte, sin embargo, surgen aglomeraciones, ya que cada uno respeta, cortés y apaciblemente al que le rodea. Tres agentes de protección rondan de un lado a otro fumando cigarrillos, aunque sin nada que hacer. De vez en cuando se ve al brioso Jefe de Policía, que, al contrario de los agentes civiles de protección, infunde un claro respeto. De tarde en tarde aparece también un guardiacivil con su uniforme de conocidos adornos.

Entre la multitud se mezclan comerciantes (52) marroquíes ataviados con ropas de Fez, que deambulan de feria poniendo a la venta corbatas y efectos decorativos (anillos, pendientes, pulseras). Algún que otro mutilado –en su mayoría mancos de la mano derecha– va de un lado a otro cubierto con una caja provista de mirilla con el objeto de conseguir una perra chica. El mendigar de forma directa es poco habitual. La limosna se agradece con un “dios le dé salud, que vale más que el dinero” (/Djoh le dé salúd ke bále más ke el dinero/). Toda clase de juegos de azar se hacen con cartas o tablillas de madera (entre ellos el cinco de oro).

Ya entrada la tarde, los 15 cafés del lugar, los pequeños bares y las tascas experimentan una agitada afluencia.

En las plazas vecinas a la principal, en las que se instalan desde la mañana mercadillos, comerciantes ambulantes ponen a la venta durante todo el día productos de alfarería. Por la noche, encontramos aquí a un hombre con una ruleta de la fortuna: el juego es claramente inofensivo, se apuesta una gorda y pueden ganarse caramelos.

imageCuadro XII, 23

En la calle principal hay muchos tenderetes con chucherías y jueguecitos (53). Allí donde esta cruza con la carretera, se montan tiendas con pasteles y vino; hay columpios y carruseles antediluvianos. No faltan las casetillas para disparar. La gran atracción para los fotógrafos de la calle es un lienzo desenrollado sobre la pared de una casa, que representa un maravilloso mar romántico, un paisaje ajardinado o una villa pomposa. Podemos encontrar también, a la venta, yugos (54).

imageCuadro XVIII, 55 (lagar de uvas en los alrededores de Ubrique)

Delante del pueblo se celebran mercados de ganado. En una superficie al aire libre, frente a la plaza de toros, se ha construido una carpa para vender vinos, una especie de restaurante de verano llamado Caseta “El Jardín”. Allí, una banda de violines, flautas, dos guitarras y una batería toca a mediodía y por la tarde. Esta orquesta ofrece a los oídos variadas piezas musicales de Jazz y de corte popular, que predispone al baile. Se baila como se puede, y a la mejor pareja se le concede un premio. La participación en estos concursos es muy reducida. Aquel que tome algo de beber en la caseta obtiene una papeleta. El premio que se sorteó el 18 de septiembre a media noche consistía en “media caja de botellas de vino marca “Macharnudo” y un selecto y agradable jamón serrano”.

image Cuadro XII, 24

Avanzada la noche tienen lugar los fuegos artificiales. Una parte de los feriantes entran en las representaciones teatrales o de varieté. Una compañía de teatro de Madrid, que está de gira por la zona, representó comedias en una sala durante más de una noche. El espectáculo de varieté, frecuentado por mujeres, fue representado por una bailarina, una cantante y un cómico, y era de un alto nivel artístico. El personal femenino llevaba el traje popular andaluz, con la pomposidad que caracteriza a las folclóricas. Las bailaoras ofrecían sevillanas y malagueñas; la cantaora –una artista de procedencia marroquí–, cante flamenco (55), saetas y una canción árabe en esta lengua.

Notas:

(48) Castellano víspera < VESPER
(49) Cf. cuadro XV, p. 30
(50) En 1932 fue el Pasacalle de los nardos de la opereta Las Leandras (música de F. Alonso)
(51) Solo me ha sorprendido en la feria una chica con una bonita mantilla.
(52) Es muy raro encontrar en Ronda a una mujer marroquí con su traje típico; estas, pertenecientes a familias (emancipadas) del Marruecos español, vienen buscando tan solo el reposo durante la época más calurosa.
(53) Véase cuadro XII, 23.
(54) Ver ilustración 18a y a1.
(55) Aunque SCHUCHARDT (ZRPh V, p. 263) niegue la conexión del cante flamenco con la música árabe, esta no se discute, en cambio, en las investigaciones sobre tonalidad, armonía y ritmo realizadas por TORNER en FCE II, pp. 12 y ss. Quiero, además, añadir que, de mis diferentes viajes por Andalucía (Granada, Sevilla y Jerez), he podido determinar, tanto en el cante flamenco como en las saetas el uso de cuartos de tono (esto es, semitonos impuros) algo que pude observar también en las funciones musicales de Tetuán y que debería ser investigado con más detalle (cf. mis referencias en Ethnologischen Anzeiger IV, 7). La cantante que actuó en Ubrique confirmó con su cante flamenco y su canción árabe la homogeneidad existente entre ambos. No es tampoco una coincidencia que una marroquí haya conseguido una fama extraordinaria como cantante de flamenco y que haya sido acogida con fuertes aplausos por un público muy entendido.

image

(Más fotos de la feria antigua de Ubrique en el blog de Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo (1, 2).)

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