Rastros del paso del epigrafista Emil Hübner por Ubrique en julio de 1860

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

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Ernst Willibald Emil Hübner (1834 – 1901) fue un famoso epigrafísta (estudioso de las inscripciones antiguas en material duro), filólogo, arqueólogo e historiador alemán. Estas vocaciones y su amor por las Bellas Artes las heredó de diversos miembros de su familia. Su padre fue el pintor y poeta Julius Hübner. En 1864 Emil se casó con María, hija del historiador Gustav Droysen.

En 1854 leyó su tesis doctoral, Quaestiones onomatologicae latinae. Entre 1856 y 1858 completó su formación en Italia. A su vuelta, el prestigioso profesor Theodor Mommsen (que sería galardonado con el Nobel de Literatura en 1902), en nombre de la Academia Prusiana de las Ciencias, le encomendó la edición de la obra más importante de su carrera: el segundo volumen del Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL), un catálogo monumental de epígrafes de la época romana que actualmente recoge 180.000. Al joven Emil le encargaron que recopilara los correspondientes a Hispania (España y Portugal). Así que en 1859 aprendió o perfeccionó su español y comenzó los trabajos bibliográficos preparativos en diferentes bibliotecas alemanas, francesas e italianas.

La Academia Prusiana escribió a la Real de la Historia española (R. A. H.) pidiéndole que acogiera a Hübner y le brindara toda la ayuda posible para “examinar y recoger cuantas inscripciones romanas pueda conocer en nuestro país para incluirlas en la gran colección universal de inscripciones romanas que se ha de publicar por dicha Academia a expensas y bajo la protección de S. M. el Rey de Prusia”, según se lee en el acta de la junta de la R. A. H. del 20 de abril de ese año. Esta institución pidió a su bibliotecario y a su anticuario que ayudaran al alemán. El anticuario era el gran numismático del siglo XIX Antonio Delgado Hernández, sevillano.

Hübner empezó su primer viaje en marzo de 1860 y lo termino en octubre de 1861 (volvería tres veces más: en 1881, 1886 y 1889). Se trataba de comprobar la lectura de inscripciones conocidas, buscar otras copiadas en manuscritos en bibliotecas y archivos y establecer una red de corresponsales que lo mantuvieran al corriente de nuevos hallazgos. Los progresos de su trabajo se vertían en unos informes que periódicamente enviaba a la Academia de Berlín y que serían publicados en los Reiseberichte de esta institución y, en italiano, en el Bolletino dell’Istituto di Corrispondenza Archeologica.

Armin Stylow y Helena Gimeno Pascual trazaron muy bien el recorrido de Hübner por España y Portugal en un artículo publicado en Pioneros de la arqueología en España del siglo XVI a 1912 (Zona Arqueológica 3 (2004) 333-340).

En la Sierra de Cádiz

Empezó por Cataluña y después bajó a Madrid a estudiar en las bibliotecas, especialmente la de la Academia de la Historia. Desde la capital viajó a Segovia y después se dirigió al área levantina, pasando incluso a Baleares. Estaba en Cartagena el 22 de junio, pues esa es la data de una carta que dirigió a Antonio Delgado dese allí. Bajó hacia el Sur y en julio (probablemente) salía desde Gibraltar para recorrer lugares de la Serranía de Ronda donde le constaba que había inscripciones antiguas. Pasó por Guadiaro, Casares, Gaucín, Cortes, Ronda, Ronda la Vieja (Acinipo), Grazalema, Villaluenga, Ubrique, Jimena y San Roque, volviendo al Peñón, desde donde se dirigió a Cádiz por vía marítima. El 9 de agosto escribía a Delgado una carta desde la capital de la provincia informándole de su periplo:

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Esta es la transcripción (he hecho ligeras correcciones, sobre todo de acentos, pero no he alterado el texto):

Cádiz 9 de Agosto de 1860

Señor Don Antonio Delgado

Muy señor mío y estimado amigo. Don Manuel Ruiz acaba de enseñarme su carta de V. en la cual con tanta atención Vs. pregunta dónde yo paro. Pero aun sin eso yo hace mucho que había la intención de escribirle a V., pero estaba siempre muy ocupado. Desde mi salida de Cartagena, donde por falta de buques me hallé obligado de quedar dos semanas, me fui a Gibraltar, y desde este punto he corrido la serranía de Ronda, es a decir los pueblos de Guadiaro (Barbesula), Casares (Lacippo?), Gaucin, Cortes, Ronda, Ronda la Vieja, Grazalema, Villaluenga, Ubrique, Jimena y San Roque – con poca cosecha de nuevas inscripciones, pero todavía no sin ningún fruto. De las lápidas de Jimena, que tanto interesan a V., desgraciadamente han desaparecido, aun la nueva geográfica, que estaba en la viña de Don Jerónimo Delgado, junto al convento de los Ángeles, al cual perteneció Fr. Juan de Siles, y ¼ de legua de la población en el camino de Gibraltar, donde en vano la he buscado. Desde Gibraltar me fui a Cádiz, y desde aquí he visitado los pueblos de Puerto de Sª Mª, Jerez, Arcos, Medina Sidonia y Chiclana. Hace poco que D. Joaquín Rubio me enseñó la nueva noticia de las actas de la R. A. de la Historia, con su viaje de usted a Murviedro. Yo había remitido enseguida las mismas inscripciones a Berlín, donde publican unos extractos de mis rapportes en las publicaciones mensuales de la nuestra Academia, porque no sabía nada de que V. también andaba publicando este su viaje. Sin embargo, quisiera mucho, se [sic] V. disponga de un otro ejemplar de la mencionada noticia, que V. se sirva remitírmelo a la seña del nuestro Consulado en Málaga, adonde salgo el lunes próximo 13 de este mes. En monedas la cosecha era casi ninguna. Yo también he pedido al Sr. Don Manuel de procurarse una impronta de la moneda de Oba que queda en Rota. Desde Málaga voy a Granada, siempre haciendo las excursiones necesarias en los alrededores, y después a Córdoba y Sevilla, de suerte que no llegaré a esta última sino a mediados de septiembre.

¿Dónde será ahora el amigo Zóbel? Hace mucho que no me escribió.

Me pongo a los pies de mi señora, y añadiendo mil expresiones para la familia quedo de V. muy atento y S. S. q. b. s. m.

Emilio Hübner

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Con “mi señora”, claro está, se refiere a la esposa de Antonio Delgado. En alguna otra carta Hübner manda recuerdos también para “las señoritas” y “Xavierito” (los hijos de Delgado). “Zóbel” era el polifacético y políglota Jacobo Zóbel de Zangróniz. Como se ve, Hübner firmó con su nombre en castellano (Emilio), cosa que hace en otras catas a españoles. Su español era bastante bueno.

La visita a Ubrique la detalló un poco más en la serie de artículos Epigraphische Reiseberichte aus Spanien und Portugal) que escribió para la revista de la Academia Prusiana de Ciencias, concretamente, en el que apareció publicado el 8 de noviembre de 1860 (pág. 630) . Traduzco el alemán como buenamente puedo.

En Ubrique, a cuatro leguas de Grazalema, fueron encontradas a principios de este siglo dos inscripciones, una de Antonino Pío del año 142 y otra de Cómodo de la época de su cuarta potestad tribunicia, décima aclamación imperial y quinto consulado, pertenecientes ambas a la “res publica Ocurritanorum”. El nombre de esta ciudad es nuevo. Por el cómputo de las magistraturas de Cómodo, yo habría querido ver al menos la segunda inscripción. Pero no estaban en el pueblo, sino en el lugar donde se enclavaba la antigua ciudad, llamado Ubrique El Alto, que desgraciadamente me fue imposible visitar. De una tercera inscripción tenía el señor Delgado en Madrid una copia enviada a su padre en 1825. El bloque pétreo es desde entonces piedra angular de una casa, con las letras hacia adentro. Buena parte de la transcripción es incomprensible.

De la copia de la tercera inscripción he hablado extensamente en otro artículo.

Además, en la ficha “OCVRRI” del volumen II (“Hispania”) del Corpus Inscriptionum Latinarum, publicado años más tarde (1869), Hübner explica que estuvo en Ubrique para ver las inscripciones del Salto de la Mora pero que no pudo hacerlo porque, al comprobar el guía que buscó que el extranjero llevaba prisa, aquel quiso aprovecharse de la situación y se negó a indicarle el camino si no recibía bastante más remuneración de la que Hübner consideraba justa (“Indigenarum enim sordida astutia festinanti viam indicare negavit nisi pretio soluto, quod rei ipsius gravitatem longe superabat”). Fray Sebastián, en su Historia de la Villa de Ubrique, censuró así la actitud del oportunista:

El célebre epigrafista alemán Emilio Hübner estuvo en Ubrique para visitar las ruinas y copiar las inscripciones. Para vergüenza de los ubriqueños topó con un vivo desaprensivo y codicioso que le pidió una cantidad exorbitante por llevarlo al Salto de la Mora, que está a un paseo del pueblo, y así esta eminencia de fama mundial se fue con las ganas de verlas [las inscripciones].

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