Nuevos datos para la interpretación de la inscripción romana de Postumia Honorata encontrada en 1824 en Ubrique

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

En el Centro de Interpretación de la Historia de Ubrique se conserva una piedra labrada de grandes dimensiones que fue un ara funeraria en honor a una Postumia Honorata que al parecer era sacerdotisa. Lo poco que sabíamos hasta ahora sobre ella se lo debemos al epigrafista alemán Emil Hübner, que en el volumen II (Hispania) del Corpus Inscriptionum Latinarum, publicado en 1869, dedica una ficha a esta inscripción, numerada como la 1338:

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En ella se lee:

1338. Reperta in ipso oppido a. 1824; parieti domus alicuius infixam esse ita ut legi non posset mihi affirmaverunt amici.

La traducción podría ser:

1338. Encontrada en la propia ciudad el año 1824; unos amigos me afirmaron que estaba fijada a la pared de una casa de manera que no podía leerse.

Y al pie dice: “Franc. Xaverio Delgado miserunt amici” [Se la enviaron unos amigos a Francisco Javier Delgado].

En la ficha anterior se lee una frase que amplia la información; después de hablar de la existencia en la sierra de Benafí de sendas inscripciones dedicadas a los emperadores Antonino Pío y Cómodo en las que se lee el nombre de la ciudad romana (“ibi adhuc extant tituli duo oppidi nomen exhibentes”) y de comentar que le han enviado copias de las mismas desde España, Hübner dice esto (subrayado en rojo en la imagen siguiente): “Tertium titulum ibi repertum misereque habitum n. 1338 debeo Antonio Delgado”.

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Es decir:

Debo a Antonio Delgado una tercera inscripción (número 1338) encontrada allí y mal conservada.

Inmediatamente después Hübner escribe: “Dicuntur extare prope Ubrique, in situ dicto Ubrique el alto, in vinea Bartolomei Panal cuiusdam (“Se dice que están cerca de Ubrique, en un lugar llamado Ubrique el alto, en la viña de un tal Bartolomé Panal“], refiriéndose sin duda a las dos inscripciones de los emperadores, que transcribe a continuación, ocupándose del epígrafe de la sacerdotisa en la siguiente ficha. Esa es la que nos interesa en este artículo.


Antonio Delgado y Francisco Javier Delgado

image_thumb18Para interpretar toda esta información, primero hemos de saber que los citados Francisco Javier Delgado y Antonio Delgado eran padre e hijo. Del progenitor se tienen muy pocas noticias, no así del vástago, que fue, quizá, el principal numismático español del siglo XIX.

Antonio Delgado Hernández (a la izquierda) nació en Sevilla el 9 de enero de 1805 y falleció en Bollullos Par del Condado (Huelva) el 13 de noviembre de 1879. Durante muchos años ocupó el cargo de Anticuario en la Real Academia de la Historia. Dejó publicadas obras fundamentales como el Nuevo Método de clasificación de las medallas autónomas de España (Sevilla, 1871-1876), pero también manuscritos inéditos que conserva la Biblioteca de la Universidad de Sevilla dentro de la Colección Antonio Delgado.

Entre ellos figuran dos gruesos legajos que contienen apuntes sobre inscripciones epigráficas tomadas tanto por él como por su padre, Francisco Javier Delgado Jurado. Este era abogado y se implicó en la política municipal sevillana durante el Trienio Liberal (1820-1823). Activo erudito, se interesó por el estudio de las inscripciones romanas, cuyas copias coleccionaba. En 1828, padre e hijo escribieron un informe para la Real Academia de la Historia (RAH) sobre un famoso altar cilíndrico que apareció en Trigueros (Huelva). A partir de ahí, no se sabe mucho más (o nada más) de él. José Beltrán Fortes, especialista en la figura de ambos Delgado, cree que el padre debió de morir al final de esa década de 1820.

El hijo, Antonio Delgado Hernández, continuó los estudios históricos de su padre pero con mucha mayor dedicación. Desde 1846 fue miembro de número de la RAH, y esa circunstancia le permitió conocer a Hübner cuando este vino por primera vez a España en 1860 con la intención que se explica en el acta de la junta de la Real Academia de la Historia del 20 de abril de ese año:

Emil-Hbner_thumb11Diose cuenta de una carta latina dirigida por el Sr. Presidente interino y Secretarios de las dos secciones de la Real Academia de Ciencias de Berlín a la nuestra, recomendando al Sr. Emilio Hübner, que dicen viene a España comisionado por aquella Corporación con objeto de examinar y recoger cuantas inscripciones romanas pueda conocer en nuestro país para incluirlas en la gran colección universal de inscripciones romanas que se ha de publicar por dicha Academia a expensas y bajo la protección de S. M. el Rey de Prusia, como se ha hecho ya con la de inscripciones griegas. La Academia acordó que se faciliten al señor Hübner cuantos datos y noticias pudiera necesitar para el objeto de su Comisión, comunicándose este acuerdo a los Sres. Bibliotecario y Anticuario, y contestándose en los términos convenientes a la Real Academia de Prusia.

El anticuario al que se alude era Antonio Delgado, que inmediatamente se puso a disposición de Emil Hübner. Acabaron siendo muy amigos, como lo demuestran las cartas que intercambiaron, de tono sumamente cordial. El español se puso a disposición del alemán y le facilitó mucho su trabajo, proporcionándole entre otras informaciones las contenidas en los mencionados apuntes que habían pertenecido a su padre cuatro décadas antes, entre los cuales se hallaba una leyenda dificultosamente tomada del altar de Postumia Honorata encontrado en Ubrique en 1824.

Todo esto explica que Hübner reconozca en su libro que la copia de la inscripción que le dieron a Francisco Javier Delgado “unos amigos” se la debe él a Antonio Delgado. Más abajo reproduzco y comento dicha copia, pero antes voy a plantear un problema de localización.


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¿Dónde se encontró al ara de Postumia?

Hübner dice al principio de la ficha de Postumia que la inscripción fue “encontrada en la propia ciudad en el año 1824” (“reperta in ipso oppido a. 1824”). En la ficha anterior a la de Postumia (la de los epígrafes ocuritanos de los emperadores) se ha referido al Salto de la Mora, pero también ha mencionado a Ubrique (de hecho, la ficha se titula “XXIX. OCVRRI (Ubrique)”). Eso suscita una duda: al decir “la propia ciudad” (“ipso oppido”) ¿se refiere a la antigua ciudad del Salto de la Mora o a la actual ciudad de Ubrique? Depende de qué haya querido dar a entender con la palabra oppidum. En el Diccionario de Latín de Lewis y Short, la primera acepción de oppidum es “ciudad”, especificando: “ciudad que no era Roma, que era llamada la Urbe, aunque ocasionalmente también se denomina oppidum a Roma”; y la segunda acepción está relacionada con el sentido de lugar fortificado que se le da en arqueología. El Wiktionary da tres acepciones, por este orden: ciudad (que no sea Roma), capital de un territorio o estado; plaza fuerte, recinto fotificado. Otro diccionario clásico, el de Charlton T. Lewis, traduce oppidum por “pueblo, ciudad, conjunto de viviendas”. He consultado otros lexicones y se mantiene la misma tónica: la mayoría dan a la palabra un significado genérico relacionado con población (Glosbe: ciudad, población, pueblo, urbe, villa; Freelang: ciudad, población;… pero alguno prefiere el sentido de plaza fuerte, como el Didacterion).

Por lo tanto, al decir “encontrada en la propia ciudad”, Hübner podría estar refiriéndose tanto al Salto de la Mora como a la “propia Ubrique”. Esto último abre una interesantísima posibilidad que hasta ahora no se había considerado: que la lápida fuese desenterrada en 1824 no en las alturas del Salto de la Mora, sino en el valle en que se asienta Ubrique. Sea como fuere, como diré más abajo, lo que es seguro es que al menos desde 1907 consta que el ara estaba empotrada en los muros de una casa situada junto al río Ubrique, dentro de la población. Y es muy probable que ya lo estuviera en la década de 1860, que fue cuando Hübner escribió: “Encontrada en la propia ciudad el año 1824; unos amigos me afirmaron que estaba fijada a la pared de una casa de manera que no podía leerse”.

Hbner-en-Ubrique_thumb2He buscado más información al respecto y la he encontrado en los artículos que Hübner fue escribiendo entre 1860 y 1861 para la Real Academia de Ciencias de Berlín (los Epigraphische Reiseberichte aus Spanien und Portugal) dando cuenta del progreso de sus trabajos epigrafistas en la Península Ibérica. Concretamente, en el que apareció publicado el 8 de noviembre de 1860 (pág. 630) da más detalles sobre su visita a Ubrique y las tres lápidas (texto a la derecha).

Creo que la traducción es la siguiente:

En Ubrique, a cuatro leguas de Grazalema, fueron encontradas a principios de este siglo dos inscripciones, una de Antonino Pío del año 142 y otra de Cómodo de la época de su cuarta potestad tribunicia, décima aclamación imperial y quinto consulado, pertenecientes ambas a la “res publica Ocurritanorum”. El nombre de esta ciudad es nuevo. Por no ser posible conciliar las cifras [de las magistraturas] de Cómodo, yo habría querido ver al menos la segunda inscripción. Pero no estaban en el pueblo, sino en el lugar donde se enclavaba la antigua ciudad, llamado Ubrique El Alto, que desgraciadamente me fue imposible visitar. De una tercera inscripción tenía el señor Delgado en Madrid una copia enviada a su padre en 1825. El bloque pétreo es desde entonces piedra angular de una casa, con las letras hacia adentro. Buena parte de la transcripción es incomprensible.

Este texto creo que aclara un poco las cosas. Si las fechas son correctas, nos permite saber que en 1824 se halló el ara de Postumia y en 1825 le enviaron a Francisco Javier Delgado copia de la inscripción que figuraba en la misma. Hübner estuvo personalmente en Ubrique en julio o primeros de agosto de 1860, ya que el 9 de ese mes escribió a Antonio Delgado desde Cádiz informándole de que había pasado por este pueblo y otros de la Sierra, “con poca cosecha de nuevas inscripciones”. Quiso ver sobre todo la inscripción de Cómodo para tratar de resolver el enigma de las fechas de las magistraturas, pero no llegó a subir al Salto de la Mora porque el guía le exigía mucho dinero (“En efecto, al ir yo con prisas los naturales del lugar con sórdida astucia me dijeron que no me indicaban el camino a no ser pagando un precio que superaba en mucho la importancia del propio asunto”, explicó en la ficha OCVRRI de su libro).

Es seguro que no vio personalmente la inscripción de Postumia, a juzgar por la frase: “unos amigos me afirmaron que estaba fijada a la pared de una casa de manera que no podía leerse” (1869). De esa inscripción supo por primera vez a través del anticuario de la Real Academia (“Debo a Antonio Delgado una tercera inscripción (número 1338) encontrada allí y mal conservada”, escribió el alemán en 1869). En su artículo del 8 de noviembre de 1860  Hübner ya decía que del tercer epígrafe ubriqueño, el de Postumia, Delgado tenía copia en Madrid. Hübner probablemente vio esa copia antes de iniciar su viaje desde la capital de España hacia Segovia, Levante y el Sur en mayo o junio de 1860,  pues en el artículo de noviembre refiere que “la transcripción es incomprensible” (no se puede descartar que supiera de ella después del viaje a Ubrique; en cualquier caso, lo que es seguro es que Hübner conocía en mayo o junio, antes de salir de Madrid hacia el Sur, que el padre de Delgado había dejado notas sobre inscripciones romanas (Epigraphische Reiseberichte, 18 de junio de 1860, página 330)). Finalmente, fuera cual fuese su fuente de información, el alemán aseguraba en noviembre de 1860  que “El bloque pétreo es desde entonces piedra angular de una casa, con las letras hacia adentro”, y por el contexto de la frase, la expresión “desde entonces” parece referirse a 1825.

ara-de-postumia-angel-pablo_thumb7Todos estos datos no son suficientes para determinar con certeza dónde se encontró realmente este monumento. Pudo ser en el Salto de la Mora, en 1824, y enseguida ser empotrado en una “casa” donde quedó desde entonces hasta la década de 1860. Es decir, el propietario del yacimiento o alguien conocido por él lo bajaría a Ubrique para que sirviera como piedra angular de un edificio que se estaba construyendo o se iba a construir. Hay que tener en cuenta que no es una piedra fácil de arrastrar, ya que por su volumen (más de un cuarto de metro cúbico) debe de pesar como mínimo 600 o 700 kilos, y el terreno es abrupto. Pero, por supuesto se puede hacer. Si alguien la vio ideal, insustituible, o si tuvo el capricho de que una piedra de tanta alcurnia diera estabilidad física a su casa (a una de sus cuatro esquinas, en realidad), claro que pudo hacerlo.

Pero también cabe la posibilidad de que la piedra fuera descubierta, en 1824, en la orilla del río o en sus proximidades precisamente con motivo de estar construyéndose los cimientos de una casa en cuyos muros se acabaría empotrando. Antes de hacerlo, alguien tomaría nota de la inscripción como buenamente pudo y se la haría llegar en 1825 a Francisco Javier Delgado, padre de Antonio Delgado. Este último la guardó durante cuatro décadas y se la facilitó a Hübner en 1860.

¿Implica esta segunda hipótesis que el ara de Postumia estuviese desde siempre en el valle y no en el Salto de la Mora? No necesariamente, ya que cabe considerar que antes del siglo XIX estuviera arriba, la bajaran a Ubrique y el río acabara hundiéndola en su lecho.

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Siguiéndole la pista a la piedra

En 1907, Enrique Romero de Torres, en el tomo dedicado a la provincia de Cádiz del Catálogo Monumental de España escribió esto sobre las inscripciones romanas de Ubrique:

Hübner publica otra (núme.1338) encontrada en 1824, cuyo paradero ignoramos. En la calle Méndez Núñez existe, en una casa que da al río, un cipo con inscripción borrosa que sirve de pilar a la citada casa. Procede del sitio llamado “Salto de la Mora”. […] Otra lápida menciona D. Francisco Javier Delgado, hallada en el mismo sitio en 1824. Ignórase su paradero. (Hübner, 1.338)

Ya se ve que este autor estaba un poco confundido sobre la identidad de la piedra y la de Delgado, pero si no se equivoca en lo demás nos aporta dos datos interesantes:

  1. Húbner dijo en 1860 que la inscripción estaba hacia adentro y Romero de Torres afirmó en 1907 que la inscripción era borrosa. Si la información de ambos es fidedigna, una de dos: o la leyenda se veía desde dentro del edificio o la piedra había pasado a formar parte de otra construcción en ese intervalo de tiempo.
  2. La calle donde estaba la “casa” mencionada por Romero de Torres en 1907 era la de Méndez Núñez (esta denominación se cambió en 1934 por Ingeniero Francisco Ruiz Martínez).

CopiadeInscripciC3B3n2C5Julián González Fernández, profesor de la Universidad de Sevilla, en su libro Inscripciones romanas de la Provincia de Cádiz, publicado en 1982, sigue a Romero de Torres al afirmar que el ejemplar fue encontrado en la calle Méndez Núñez formando parte del pilar de una “casa” junto al río. Cuando escribe su libro, González la localiza en la “plaza mayor” de Ubrique (en realidad estaba en la plaza de Misión Rescate). Creo que es de este autor la foto del ara que reproduzco a la derecha, que he tomado del blog de Esperanza Cabello. (El Museo de Cádiz tiene la misma información, pero supone este monumento perdido.)

En 1944 el clérigo Fray Sebastián, en su libro de 1944 Historia de la Villa de Ubrique, escribió:

Por lo que dice Hübner. parece que esta inscripción es la contenida en el cipo, que existe en Ubrique, en la calle del Llano del Río. empotrado en la esquina de una casa.

Yo no sabía que en Ubrique hubiese existido alguna vez una calle llamada Llano del Río, pero esta denominación aún se aplica a una zona no bien delimitada que podría incluir el final de la calle de antigua calle Méndez Núñez, hoy Ingeniero Francisco Ruiz Martínez. Esta vía se prolonga a lo largo de 300 metros por la orilla izquierda del río Ubrique. Popularmente era antes conocida también como calle de las Tenerías porque allí se establecieron industrias de este tipo, además de algún molino.

Por lo que se ve, en el primer tercio o incluso la primera mitad del siglo XX, era vox populi la existencia de esa piedra como parte de la pared de una casa. Pero durante el tercer cuarto de la centuria Ubrique se olvidó de su existencia… Y después reapareció.

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Fue en 1973. El ara fue descubierta empotrada en unos muros en el tramo final de la calle Ingeniero Ruiz Martínez, donde esta alcanza su nivel más bajo. En ese punto llegaban al río dos arroyos, y cuando las lluvias eran torrenciales se producían inundaciones. Los muros formaban parte de unas estructuras cuyo objeto era, al parecer. evitarlas. Esperanza Cabello lo cuenta con detalle en su blog.  Al realizarse en ese lugar excavaciones para construir una fábrica de artículos de piel sobre el río (la que se ve en la foto sobre estas líneas, al fondo), dentro de uno de esos muros reapareció el ara de Postumia Honorata, el que conocía Fray Sebastián en 1944, aquel del que tenía constancia Enrique Romero de Torres en 1907, el que en la década de 1860 supuestamente no se podía leer por estar las letras hacia adentro de una pared, aquel cuya inscripción copiada en un papel “le enviaron unos amigos” (según Hübner) a Francisco Javier Delgado en 1825, copia muy defectuosa que fue conservado para la posteridad por su hijo, Antonio Delgado, y en la que se basó Hübner para transmitírnosla a nosotros.

Hoy día la inscripción es difícilmente legible. Se halla en el Centro de Interpretación de la Historia de Ubrique. Está muy desgastada, probablemente debido a la erosión hidráulica. También hay que tener en cuenta que ha estado casi 40 años a la intemperie, en la plaza de Misión Rescate (nombre en homenaje al concurso de televisión así llamado en el que participó en aquellos tiempos el grupo de estudiantes de Ubrique liderado por el maestro Manuel Cabello Janeiro que se encargó del traslado de la piedra). De modo que, paradójicamente, quizá la mejor herramienta para su lectura sigue siendo el papel que recibió Francisco Javier Delgado y que reproduzco en el siguiente apartado de este artículo, si bien supongo que los especialistas tendrían que hacer muchos esfuerzo para sacar en claro de él algo más de lo que dedujo Hübner.

Esta foto se tomó del ara nada más sacarse del río y limpiarse. Sobre ella, una tarjeta en la que se lee “Misión Rescate, Ubrique”. Doy las gracias a Esperanza Cabello por habérmela hecho llegar..

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No fue aquella la primera vez que se encuentran restos antiguos en el río Ubrique. Cuando hacían la obra de la guardería que está próxima al colegio Fernando GavilánManuel Cabello vio vestigios de paredes que atribuyó a “una antigua tenería romana”. Y en torno a 1996 o 1997, cuando se estaban realizando las obras de canalización del río, precisamente en ese mismo tramo los trabajadores que estaban retirando piedras de antiguos muros que había en las márgenes del cauce encontraron una “cabeza blanca” de persona, bastante pulida, de un material que no era calizo. Al día siguiente, nadie sabía nada del hallazgo. Es casi seguro que los romanos vivirían no solo en la meseta del Salto de la Mora, sino también al pie de la misma, probablemente cerca de los nacimientos de Benafí y Cornicabra. En Ubrique se conoce la fuerza de las aguas torrenciales de este cauce durante las grandes avenidas, que pueden arrastrar piedras de tamaño muy considerable.


Copias hechas en 1825 de la inscripción de Postumia

Como he dicho, Francisco Javier Delgado se dedicó a coleccionar copias de inscripciones antiguas en folios sueltos. Algunas son de él mismo, y están firmadas y a veces fechadas (a lo largo del primer cuarto del siglo XIX); otras son de personas que se las enviaban; en algunos casos no consta el remitente. Toda esta documentación manuscrita la conservó su hijo y actualmente  está recopilada en un legajo titulado Epigrafía: copia de inscripciones antiguas de España (2) de la Colección Antonio Delgado que conserva la Universidad de Sevilla. Pues bien, dicho legajo contiene varios folios referidos a la inscripción ubriqueña de Postumia. El primero es casi sin duda el que Francisco Javier Delgado recibió en 1825. Es un papel prácticamente cuadrado doblado dos veces ¿sería enviado por correo? Al parecer ell erudito vivía entonces en Trigueros, Huelva, adonde habría sido desterrado por su compromiso con el Trienio Liberal (1820-23)).

Es este:

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Un segundo folio contiene, por delante y por detrás, una extraña lectura de la inscripción que parece hecha por persona distinta de la de la lectura anterior, anotada bajo cada línea supuestamente por Francisco Javier Delgado (a juzgar por los rasgos grafológicos de estas anotaciones, que se parecen a los del tercer folio que presentaré). Este mismo papel parece haber sido aprovechado por un niño para hacer prácticas de caligrafía.

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El tercer folio aparenta ser la interpretación definitiva hecha quizá por Francisco Javier Delgado. Como se puede ver, ha suprimido varios trozos en los que no encontró ninguna palabra reconocible.

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Comparando la lectura que Hübner declara haber recibido con el primero de estos papeles se corrobora inmediatamente que Francisco Javier Delgado fue la fuente primaria del alemán (este solo hizo algunas modificaciones mínimas y obvias, como cambiar las letras griegas lambda (λ) por A o Λ y algunas I por T, pero fue tan fiel a la copia de Delgado que hasta reprodujo tres signos semejantes a un 1 invertido en la línea 6.)

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Las restituciones de Hübner y (supuestamente) Delgado difieren algo. En las primeras líneas coinciden, pero no en el nombre que de ha interpretado como del padre de la sacerdotisa. Hübner leyó POSTVMIVS OPTATVS, que es más probable que el POSTVMIVS HONORATVS de Delgado a juzgar por la copia original, en la que se lee OIλIVS (línea 5).

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Fray Sebastián de Ubrique tradujo lo que se puede entender o intuir de la inscripción de esta forma:

A Postumia, carísima hija de Honorata Barbesulana, sacerdotisa de las divinas augustas, Postumio Optato, su Padre …………….. en honor perpetuo de su Municipio, le dejó por sus méritos ……….. y además dio un banquete, dedicándole esta memoria.

E hizo estas consideraciones:

Esta Postumia. natural de Barbésula, parece hija de una familia de sacerdotal, bien de las divinas augustas o de los divinos augustos, por haberse leído divinarum en vez de divinorum o divorum y Postumio tal vez seria flamen o de algún colegio de augures. Barbésula estaba situada, según unos, en Marbella, y, según el P. Flórez, en su España Sagrada, en Manilva, junto a la desembocadura del Guadiaro, Había otra Barbésula, que debe corresponder a Barbate, Nosotros nos inclinamos a Manilva, porque precisamente la inscripción que inserta el P. Flórez contiene el epulo dato lo mismo que la de Postumia. Se refiere a un banquete fúnebre.

Pos su parte, Julián González dató la inscripción en el siglo II d. C. (como las otras dos encontradas en el Salto de la Mora) y propuso esta lectura:

A Postumia Honorata Barbesulana, hija de Gayo, sacerdotisa de las divinas Augustas, su padre Postumio Optato ……… para honor perpetuo de su Municipio, dejó por sus merecimientos …… e igualmente habiendo dado un banquete público, según decreto de los decuriones.

Como se ve, se diferencia en dos cosas con la de Fray Sebastián:

  1. Las iniciales “C. F.” son para Gonzálezhija de Gayo” (o Cayo) y para el clérigo ubriqueño “carísima hija”. Según el Diccionario de Abreviaturas Comunes en Inscripciones Latinas de la Case Western Reserve University, “C. F.” no significaba para los romanos Club de Fútbol (valga la broma), sino que lo empleaban habitualmente para acortar C(ai) f(ilia) o también c(larissimae) f(ilia) e incluso c(larissima) f(emina). Es de suponer que Gayo sería el prenombre de este Postumio Optato. La razón la tiene González. Según me ha explicado Maria Dolores López de la Orden, conservadora del Museo de Cádiz, que fue profesora en la UCA de Epigrafía y Numismática y ha escrito libros como De epigraphia gaditana, “está claro que C. F. es C(aii) F(iliae) es así; la filiación siempre va tras el nomen y antes del cognomen, hija de…, y abreviado el praenomen del padre. Las mujeres no llevaban praenomen”.
    Las iniciales “D. D.” son para el primero “según decreto de los decuriones” y para el segundo “dedicándole esta memoria”. Efectivamente, normalmente significa d(ecreto d(ecurionum), pero también, según el mencionado Diccionario, d(at) d(edicat, d(e)d(icato) y otras muchas expresiones. Maria Dolores López de la Orden cree que D. D. puede ser D(ono) D(edit), D(ecreto) D(ecurionum) o D(edit) D(edicavit) según sea el tipo de inscripción y el contexto: honorífico, votivo, etc.

¿Quién pudo ser Postumia?

El historiador Enrique Melchor Gil cita a Postumia como un ejemplo de notable que accedió al desempeño del sacerdocio en una ciudad de la que no era originaria. Para él queda claro por la inscripción que fue “sacerdotisa de las divinas augustas”. Dice que “en buena parte de los epígrafes hispanos que mencionan a sacerdotes y sacerdotisas no se suele especificar en qué ciudad desempeñaron las funciones sacerdotales, probablemente porque el lector del titulus entendería que estas se habían asumido en la ciudad donde se encontraba emplazada la inscripción”.  Da por hecho que el monumento honorífico  se erigió en la ciudad de “Ocurri” y cree que efectivamente “Honorata” fue sacerdos en esta comunidad cívica”  y que “su propia familia, o la de su esposo, debió de gozar de cierta influencia en el ordo decurionum de Ocurri”.  

Eva María Morales Rodríguez, en su tesis doctoral,  sitúa a Postumia y a su supuesto padre Postumius Optatus en una lista de ciudadanos de Barbesula (actual Guadiaro) y dice de ellos:

Postumia Honorata: en inscripción honorífica; ciudadana, hija de Caius, sacerdotisa augusta, por su origo sabemos que es barbesulana, aunque temporalmente habita en Ocurri, donde es homenajeada por el ordo local. Los Postumii constituyen otro de los clanes del municipio [de Barbesula]. Honorata es un sobrenombre calificativo de la conducta

Postumius Optatus: en inscripción honorífica; ciudadano, padre de la sacerdotisa augusta Postumia Honorata. El cognomen Optatus alude al nacimiento.

En otro lugar esta historiadora explica:

Postumius es otro de los nomina más extendidos en los municipios flavios. Se localiza en Arva, Nescania, Salpensa y Singilia Barba. En Arva se relacionan con los Fabii, como demuestra el monumento que costea Fabia Rustica a su hijo L. Postumius Nervae f. Quartus. En Nescania se constatan Postumius Castrensis, que ofreció voto a Apollo y Aesculapius, L. Postumius Satullus que ofrece ara a la Fuente divina, y L. Postumius Glyco, que consagra estatua al Genius del municipium Nescaniense. En Salpensa se documentan dos feminas, Postumia Silana y Postumia Sura. Finalmente, en Singilia Barba aparece Postumia

Bueno, y nuestros Postumia y Postumio.

image_thumb255B23255DPero, además, el profesor Julián González Fernández encontró en 1988 rastros de otro Postumio Optato, de prenombre Lucio, muy cerca de Ubrique. Lo explica en un trabajo reciente (2013). El nombre de este romano aparece en una placa de mármol en muy buen estado que fue encontrada en las proximidades de El Bosque junto a algunos restos de edificaciones antiguas. Es una ofrenda a la diosa Fortuna. Cree que el dedicante podría pertenecer al municipio de Iptuci, por la proximidad de este, “aunque es cierto que tenemos atestiguado en Ocurri (Ubrique) una ciudad situada a unos 14 km. de El Bosque en dirección sureste, un C. Postumius Optatus que ofrece determinados honores al municipio en homenaje a su hija Postumia C.f. Honorata Barbesulana”. Y menciona que en otra ciudad antigua muy próxima, Carissa Aurelia (Espera) un L. Postumius Silo también hizo una ofrenda.

Según la Wikipedia, Postumia es uno de los más antiguos gentes patricios de Roma. Ya uno de ellos, Publio  Postumio Tuberto, fue cónsul en el 505 a. C. Postumius es un apellido patronímico derivado del prenombre Postumo, que se aplicaba originalmente al hijo más joven, y no al póstumo en el sentido actual de la palabra. Durante la República, los prenombres más comunes de esta familia eran Aulus, Spurius, Lucius. Marcus, Publius, Quintus, Gaius,Gnaeus y Titus.

Aunque la inscripción de Postumia está muy borrada, creo que se debería hacer un esfuerzo para leerla de nuevo. Existen técnicas modernas que pueden servir de gran ayuda. La única lectura que me consta es esta que he presentado, hecha hace casi doscientos años, y la interpretación que de la misma hizo Hübner hace siglo y medio, la cual los autores posteriores parece que se han limitado a transmitir. ¿No es tiempo de intentar hacer una nueva lectura basándose en la copia original en papel y en lo que se pueda ver aún en la piedra?


Referencias

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  • Beltrán Fortes, José: “Sobre el descubrimiento y primera lectura de CIL II 1151correspondencia entre Ivo de la Cortina y Antonio Delgado a propósito de los trabajos en Itálica en 1839”, en Estudios de Prehistoria y Arqueología en homenaje a Pilar Acosta Martínez, Rosario Cruz-Auñón Briones y Eduardo Ferrer Albelda (coords.) (2009) 505-520.
  • Caro Cancela, Diego (dir.): Diccionario biográfico de parlamentarios de Andalucía, 1810-1869: A-G, Centro de Estudios Andaluces (2010).
  • Delgado Hernández, Antonio: Epigrafía: copia de inscripciones antiguas de España (2) (manuscrito), Colección Antonio Delgado, Biblioteca de la Universidad de Sevilla (s. XIX).
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  • Expobus, Universidad de Sevilla: SALA 5. Compras, legados, donaciones …: Antonio Delgado y Hernández. por José Beltrán Fortes (consultado el 4 de agosto de 2015).
  • Fray Sebastián de Ubrique: Historia de la Villa de Ubrique (1944).
  • González Fernández, Julián: Inscripciones Romanas de la Provincia de Cádiz, Diputación de Cádiz (1982).
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  • Hübner, Emil: Corpus Inscriptionum Latinarum, vol II: Hispania (1869).
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  • Martín Almagro Gorbea, Martín: “El ‘Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia”, Revista de arqueología, 227 (2000) 48-59.
  • Maier Allende, Jorge: Noticias de Antigüedades de las Actas de Sesiones de la Real Academia de la Historia (1834-1874), Real Academia de la Historia (2009).
  • Melchor Gil, Enrique: “Élites supralocales en la Bética – Entre la civitas y la provincia”, en Roma generadora de identidades: la experiencia hispánica, Antonio Caballos Rufino (coord.) (2011) 267-300.
  • Morales Rodríguez, Eva María: Los municipios flavios de la Bética (tesis doctoral), Departamento de Historia Antigua, Universidad de Granada (2002).
  • Stylow, Armin U. y  Gimeno Pascual, Helena: “Emil Hübner”, en Pioneros de la arqueología en España del siglo XVI a 1912, Zona Arqueológica 3 (2004) 333-340.
  • Wikipedia: Postumia (gens) (consultado el 4 de agosto de 2015).

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Quiero expresar mi agradecimiento a los responsables del  Centro CIL II2 de la Universidad de Alcalá de Henares por la atención eficaz e inmediata que me han prestado cuando les he solicitado las fichas del libro Hispania , de Hübner, referidas a Ubrique, y al profesor José Antonio Correa Rodríguez, catedrático hasta hace poco de Filología Latina en la Universidad de Sevilla, por mejorar mis traducciones con correcciones o matices que las hacen más claramente interpretables.

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Estas son las lecturas más antiguas de las inscripciones del Salto de la Mora que nos han llegado, gracias al erudito del siglo XIX Francisco Javier Delgado

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