Peripecias de las dos lápidas romanas que se hallaron en el Salto de la Mora, Ubrique, en 1794

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

Siglo XVIII

image_thumb32En 1794 se encontraron en el Salto de la Mora (muy cerca de Ubrique) las dos inscripciones que aparecen sobre estas líneas. Están dedicadas a los emperadores romanos Antonino Pío (la grande) y Cómodo y datan de los años 142 y 186 d. C. aproximadamente.

Las inscripciones estaban grabadas en unos pedestales como el que se ve a la derecha. Su descubridor, Juan Vicente Vegazo Montesdeoca, los colocó en un camino que atravesaba la viña que plantó en el lugar. Muchos “anticuarios” subieron a verlos.

Uno de los primeros fue el académico Domingo Mariano Traggia, marques de Palacio, que subió a ver las ruinas acompañado por el cura ubriqueño Simón de Zamora el 21 de febrero de 1795. Probablemente fue al año siguiente cuando lo hicieron el presbítero Joaquin Cid Carrascal y el médico sevillano Antonio Santaella, que eran corresponsales del erudito Juan Francisco Masdeu, también cura (jesuita), y a quien comunicaron la lectura de los epígrafes el 26 de noviembre de 1796.


Siglo XIX

El botánico Simón de Rojas Clemente Rubio, en viaje científico por la zona, vio las inscripciones el 23 de agosto de 1809 y dejó escrito esto: “Don Juan ha colocado los pedestales y columnas en la viña, donde hacen bellísimo efecto al entrar uno y verse rodeado de monumentos tan serios y antiguos.

Años después, el que por entonces era propietario de la finca estaba tan fastidiado con las visitas que intentó borrar los letreros a martillazos y, al no conseguirlo, los cubrió de yeso. Eso es lo que contó en 1887, en el tomo 7 de su Colección de Opúsculos, el cura de Grazalema Francisco Mateos-Gago. Quizá lo primero sea exagerado, pero lo segundo es cierto porque este erudito cuenta que quitó el yeso con sus propias manos. Es de suponer que la visita la haría en sus años mozos; digamos entre 1850 y 1870. (Según el epigrafista alemán Emil Hübner, el propietario de la viña en torno a 1860 se llamaba Bartolomé Panal.)

Francisco2520de2520Asis2520Vera2520Chilier_thumb255B1255DEse mismo año de 1887 se descubrió en terrenos de los Astilleros de Cádiz el famoso sarcófago antropoide masculino fenicio. Entonces se planteó fundar en la ciudad un museo arqueológico para albergar esta pieza y otras de la provincia cuya existencia se conocía. Para ello se constituyó una Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos cuyo secretario fue el presbítero Francisco de Asís Vera y Chilier (que también fue conservador del Museo Arqueológico y murió en 1900).

Se conservan en el Archivo Histórico de la Provincia de Castilla de la Compañía de Jesús varias cartas dirigidas por Vera al académico de la Real de la Historia Fidel Fita Colomé (1835-1918), sacerdote jesuita que fue arqueólogo, epigrafista, filólogo e historiador. En esas cartas el de Cádiz da cuenta a Fita de las gestiones que está realizando para traer al museo provincial las dos lápidas de Ubrique.

En la carta más antigua de las que nos han llegado, del 19 de febrero de 1899, Vera le dice a Fita:

image_thumb255B12255DRespecto a las lápidas en Ubrique se han dado las órdenes oportunas para que se lleven al Museo. El pasado mes intente ir a Ubrique pero de Arcos no pude pasar; el pésimo estado del camino dadas la torrenciales aguas de la Sierra me hizo volver cual fui; no obstante el Alcalde de Grazalema y Ubrique se han ofrecido  a traerlas a este referido Museo. 

image_thumb255B6255DUn mes más tarde (17 de marzo de 1889) el conservador anunciaba al académico que “según me participa el Diputado Provincial por Grazalema en breve serán remitidas al Museo las dos lápidas que se hallan en Ubrique”. Finalmente, los monumentos llegaron el 14 de mayo. Al día siguiente Vera escribe a Fita para “darle la enhorabuena más cumplida, pues ya las lápidas de Ubrique ayer las trajeron”. Y agregaba:

no puede usted calcular, mi respetable compañero, los sinsabores y disgustos que me han proporcionado y los peligros [que] después de sacadas de la roca hubieran producido por la falta de medios de conducción, pero bendito Dios Nuestro Señor hemos obtenido esa importante adquisición, debidas a sus noticias y mucho valer. Dento de [?]  le remitiré calcos de las referidas, pues deseo salgan lo mejor posible.

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Del texto parece inferirse que fue Fita quien sugirió al Museo de Cádiz que hiciera por traer las lápidas de Ubrique para aumentar su colección.

En el libro Historia de la Villa de Ubrique, su autor, Fray Sebastián, asegura que las inscripciones fueron serradas de sus pedestales por orden de un “D. Antonio Guerrero” que cree que era notario en Ubrique y del alcalde de Villaluenga, llamado Antonio Segovia.

De las cartas de Vera se deduce que Fita no había acusado recibo de tan buenas nuevas. El 27 de junio Vera le recuerda:

Ya en mi anterior le exponía que las dos lápidas de Ubrique están en el Museo y de no haberle remitido ya las improntas ha sido por esperarse papel que tenga el diámetro de las inscripción [sic], pues tengo interés sea una cosa lo mejor que pueda salir.

image_thumbUn año más tarde Francisco de Asís Vera inicia una relación epistolar con Fidel Fita… unidireccional, pues este no responde a ninguna carta de aquel. Vera repite una y otra vez las mismas peticiones sin éxito. El 10 de junio de 1890 le recuerda algunas solicitudes pendientes y entre ellas “la interpretación de las lápidas de Ubrique de cuya fotografía le envié”. Dos meses más tarde (7/7/1890)  insiste: “Debe obrar en su poder ha tiempo una fotografía de las lápidas de Ubrique , desearía su traducción para que dada su autoridad en la materia aparezca en catálogo”.

El 2 de febrero de 1891 dice Vera a Fita que “varias cartas le he remitido y siento a la verdad hayan o bien sufrido extravío u ocurra algo que le imposibilite el no contestar; de todas maneras ruégole dos letras participándome haber recibido las fotografías de las lápidas de Ubrique, hoy en el Museo Arqueológico de esta provincia”. De nuevo, el 4 de octubre de ese año: “Hace tiempo le remití una fotografía de dos lápidas de Ubrique, que deseo se publiquen en el Boletín” (se refiere a la revista d la Real Academia de la Historia).

La última carta en la que Vera trata el tema de Ubrique (a menos que hubiera alguna más que no nos ha llegado) es del 6 de febrero de 1892. Comienza con esta patética declaración: “sin ninguna suya a que contestar después de múltiples”. Se queja de que el Boletín no se ha hecho eco de una memoria que envió sobre la necrópolis fenicia de Punta de Vaca y de que “También creo deba llegarle la hora a las lapidas que en tiempo oportuno dirigí fotografías, cuyas referidas eran de Ubrique”.

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El caso es que Fita recibía todas estas cartas y las guardaba. Prueba de ello es que nos han llegado a través de un archivo jesuítico. (Se sabe que más tarde sí atendió a Vera sobre otros asuntos.)

Fidel Fita tuvo que ser una persona de fuerte carácter. Francisco de Asís Vera trató de adularlo en alguna de sus cartas indicándole “el deseo que se tiene [de] oírle predicar” y proponiéndole que lo hiciera en Cádiz en el triduo del Señor de la Piedad. Lo que Fita predicó fue el más absoluto ninguneo a Vera. Puede ser que el jesuita estuviera cansado de su correligionario, ya que este le pedía opinión para todo asunto relacionado con la gestión del Museo. Por ejemplo, durante mucho tiempo le estuvo preguntando qué le parecía la inscripción que pensaba colocar en la institución y pidiéndole que se la tradujera al latín. Este es el borrador:

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Siglo XX

De la dos lapidas de Ócur, la más grande “desapareció” del Museo de Cádiz en algún momento del siglo XX. No sé cuándo fue, pero el que era director de la institución en 1982, Ramón Corzo Sánchez, escribió entonces que “de todos los objetos encontrados, solo se han salvado las dos inscripciones, que a principios de siglo fueron cortadas de sus pedestales y trasladadas al Museo de Cádiz” (Historia de los pueblos de la provincia de Cádiz – 3. Ubrique, Diputación de Cádiz, 1982). Si eso afirmaba el mismísimo director del Museo, tendríamos que dar por hecho que ese año estaban allí, ¿no? Pues según dijo ese mismo año el historiador Julián González en su libro Inscripciones romanas de la provincia de Cádiz, la de Antonino Pío estaba desaparecida. Desde luego, cuando Fray Sebastián escribió su libro Historia de la Villa de Ubrique, publicado en 1944, sí que estaban, como demuestra esta foto:

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