“Ubrique la Vieja”: las ruinas de Ócur según el testimonio de Francisco Mateos-Gago

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

Francisco Mateos-Gago Fernández (1827-1890) fue uno de los grazalemeños más ilustres. En un artículo sobre el personaje (GazSEHa 7 (2013)) la investigadora Paloma Aguado García traza la siguiente semblanza:

Nacido en 1827 en Grazalema (Cádiz), pronto quedó huérfano y sería su tío Juan José Fernández y Borrego, médico titular de su localidad natal, quien le inició en el estudio del latín. Posteriormente su tío-abuelo fray Andrés Borrego, abad del monasterio de San Benito de Sevilla, le matriculó en 1840 en el Seminario Diocesano de Sevilla, donde decidió estudiar filosofía, teología y jurisprudencia. Una vez terminados sus estudios eclesiásticos, en 1850 ganó la cátedra de latín y castellano del Seminario Conciliar de San Isidoro y San Francisco Javier de Sevilla. En 1852 fue ordenado presbítero y fue destinado al Seminario Conciliar de San Bartolomé para impartir teología, oratoria, patrología, hebreo y griego. En 1854 obtuvo el doctorado en teología en el Seminario Central de Granada y en 1855 fue nombrado catedrático interino de teología en la Universidad de Sevilla. Ganó por oposición la cátedra de teología de la Universidad Central de Madrid, pero fue desposeído de la misma y, en compensación, se le otorgó en 1857 la titularidad de la plaza sevillana que ya tenía en interinidad. Ese mismo año fue nombrado decano interino de la Facultad de Teología y, desde ese momento, comenzó a participar en los principales debates intelectuales que se desarrollaban en el seno de la Universidad.

Según Aguado García, la imagen del teólogo que se ve sobre estas líneas es un óleo de Antonio de Silvela y Ponce de aproximadamente 1892 que se conserva en la Universidad de Sevilla (está tomado de Amores Carredano, F.; Beltrán Fortes, J. y Lacomba Fernández, J. (Coord.) (2008): El rescate de la Antigüedad Clásica en Andalucía. Focus Abengoa. Sevilla).

En 1869 Francisco Mateos-Gago empezó a publicar una Colección de Opúsculos de temas variados que remató en 1887 con el séptimo y último tomo. En este, y dentro de un capítulo titulado “Siete epígrafes antiguos” (páginas 373-376) contó los recuerdos de su visita (al menos hizo una) al Salto de la Mora, donde se asienta el yacimiento turdetano-púnico-romano de Ócur que, según él, los ubriqueños de la época llamaban también Ubrique la Vieja.

Curiosa denominación que se ha perdido. Los ubriqueños actuales llaman al pago Salto de la Mora (también en el siglo XIX, al menos en su segunda mitad, según vemos en el texto de Mateos-Gago). Hübner dijo en 1869 que el vulgo llamaba al lugar Ubrique el Alto, extraña aseveración porque la denominación existe actualmente, pero aplicada a una zona situada a unos dos kilómetros al este de Ubrique (Ócur estaba al norte). Y después está el batiburrillo de los Benalfí, Benafí, Benafiz, Benafeliz, Benafélix, Venafeliz, adornados en ocasiones con “el Alto”. Algunos de esos palabros dan grima filológica.

# # # #

Por la fecha de nacimiento de Mateos-Gago, se puede conjeturar que las experiencias a las que se refiere debió de vivirlas a partir de mediado el siglo XIX. En su escrito se lamenta del estado de abandono de las ruinas y de la desidia del Ayuntamiento de Ubrique. Además, barruntó la desaparición de las dos lápidas encontradas, y por ahora va acertando, pues de una de ellas, con un peso de varias decenas de kilos y un tamaño respetable, “desapareció” incomprensiblemente del Museo de Cádiz. Reproduzco el texto íntegro sobre Ubrique la Vieja escrito por Mateos-Gago por su interés.

Bajando de Benaocaz a Ubrique (Sierra de Ronda, últimos confines de la provincia de Cádiz) y ya cerca de este último pueblo se encuentra un elevado tajo que llaman Salto de la Mora. Una viña plantada en su mayor altura deja ver a través de sus cepas y sarmientos todo el suelo sembrado de las ruinas de un pueblo que los naturales del país llaman Ubrique la vieja.

Todavía se distingue en muchos sitios la dirección que tuvieron las calles del pueblo, y hasta la extensión de su plaza en medio de la cual existen cuatro asientos circulares concéntricos formando gradería, destacándose en su centro una columna cuyo fuste se compone de varios trozos.

A cado lado de aquella construcción y como a distancia de diez metros se mantienen en pie en el mismo sitio tales y como los colocaron los romanos (*) dos epígrafes con idénticas molduras y medias cañas, teniendo cada uno la altura de vara y media poco más o menos.

El uno dice:

IMP. CAESARI. DI
VI. HADRIANI. F. DIVI. TRAI
ANI. PART. NEPOTI. DIVI
…ERVAE, PRONEPOTI
.…IO. HADRIANO. ANTONI
NO. AVG. PIO. PONTIFICI. MAX
TRIB. POTEST. V. COS. III. P. P.
…….PVB. OCVRITANOR
…….RETO. DECVRIO..VM
D        D

“La república de los Ocuritanos por decreto de sus Decuriones dedica esta memoria a el Emperador César Elio Adriano Antonino Augusto Pio Pontífice Máximo Padre de la Patria, hijo del Divo Hadriano, nieto del Divo Trajano Pártico y biznieto del Divo Nerva en el año V de su Potestad Tribunicia y III de su consulado”.

En el otro se dice:

IMP. CAESARI
M . AVRELIO . COM
MODO . ANTONINO
AVC.(sic)PIO . FEL . GER
SARM . PON . MAX
TRIB . P . IIII . IMP . X
COS . V . P . P . RESP
OCVRITANORVM (**)
DECRETO . DECVRI
ONVM . D . D

“La república de los Ocuritanos por decreto de sus Decuriones dedica esta memoria a el Emperador Marco Aurelio Cómmodo Antonino Augusto Pío, Feliz, Germánico, Sarmático, Pontífice Máximo, Padre de la Patria, en el año IV de su Potestad Tribunicia, X de su imperio y V de su consulado”.

Lapidas-de-Ubrique-CIL_thumb25

Diecisiete siglos han pasado desde que los romanos colocaron en ese sitio a esos respetables testigo de la antigüedad que han visto pasar y desaparecer a las generaciones de Romanos, Bárbaros, Visigodos, Árabes y Cristianos desde la reconquista permaneciendo inalterables en sus puestos. Todavía cuando yo copié las inscripciones contaba un anciano de Ubrique haber visto, cuando era niño, dos grandes cabezas de piedra muy blanca sobre los epígrafes y un Angelito con sus alas y una corona en la mano (una victoria romana) sobre la columna de en medio, y aun aseguraba que una de las cabezas había servido para hacer un mortero a un boticario del lugar.

¿Existirán a estas horas tan curiosos monumentos? No lo sé; cuando yo los copié ya le faltaban al primero algunas letras que van marcadas con puntos suspensivos. Parece que el dueño de la viña, molesto porque los curiosos maltrataban su heredad, acometió a las leyendas proponiéndose destruirlas a martillazos. Cansado al fin por la resistencia de la piedra, que es durísima, desistió de su bárbara operación, contentándose con taparlas con una capa de yeso, que yo mismo arranqué para copiarlas.

¿Qué trabajo ni qué dinero podría costar al Ayuntamiento el arrastre de tan estimables reliquias históricas hasta colocarlas convenientemente en la casa capitular o remitirlas al Museo de la capital de la provincia? Desgraciadamente desaparecerán, si no han desaparecido ya, sin dejar más vestigio que esta protesta que aquí consigno contra la barbarie del siglo de las luces.

image11_thumbEl Sr. Hübner (Don Emilio) ha publicado estos epígrafes en su famoso Corpus I. Latin. Están bien copiados y solo debo advertir que la lección OCVRRITANORVM que le remitió el ilustrado escritor Malagueño Sr. Rodríguez de Berlanga. Es una equivocación manifiesta (***). En ambas piedras es indubitable la lección OCVRITANORVM.

La Respública Ocuritanorum, cuyo emplazamiento queda tan perfectamente conocido desde hoy, es otro de los pueblos de que no se encuentra mención en ningún escritor de la antigüedad.

———————

(*) No es así: los epígrafes los desenterró Juan Vicente Vegazo Montesdeoca, descubridor del yacimiento de Ócur, en 1794.

image_thumb255B7255D(**) La M final de OCVRITANORVM está escrita más pequeña (OCVRITANORVM) porque así se ve en la piedra. El lapicida, al haberse quedado sin espacio para la última letra, inscribió una M minuta (ver a la derecha). Enrique Romero de Torres, en su Catálogo Monumental de España – Provincia de Cádiz, publicado en 1934, lo interpretó de otra forma, creyendo que “la V final aparece ligada con una N […] por defecto del grabador.

(***) Pienso que es Mateos-Gago quien comete la equivocación manifiesta, ya que el malagueño Manuel Rodríguez de Berlanga remitió a Hübner una lectura correcta, según este mismo reconoció en el Corpus I. Latin. que cita el cura grazalemeño.

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