El botánico Simón de Rojas Clemente visitó en 1809 las ruinas de Ócur y las describió basándose en los “Papeles” de su descubridor, Juan Vicente Vegazo Montes de Oca

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO


Resumen

El descubridor de la ciudad romana de Ocur, en 1792, se llamaba Juan Vicente Vegazo Montes de Oca. Este narró el desarrollo de sus excavaciones en un manuscrito que hoy está perdido pero Fray Sebastián de Ubrique nos trasladó muy probablemente la mayor pate del mismo en su Historia de la Villa de Ubrique (1944). Mucho antes (1809) lo extractó el botánico valenciano Simón de Rojas Clemente Rubio en las páginas de un diario de viaje que estaba llevando con el objeto de redactar una Historia Natural del Reino de Granada. Con casi toda seguridad, Clemente conoció al propio Vegazo, quien le facilitaría información.

1. Simón de Rojas Clemente Rubio


Los papeles perdidos de Juan Vegazo

Como se sabe, el descubridor de la ciudad romana llamada Ocur u Ocuri, próxima a Ubrique, a finales del siglo XVIII, se llamaba Juan Vicente Vegazo (la mayoría de las fuentes lo llaman simplemente Juan Vegazo). Aquí quiero aportar otro dato su nombre completo era Juan Vicente Vegazo Montes de Oca.

Este escribió, probablemente en 1795, un documento en el que contó el desarrollo de los hallazgos hasta ese año. A principios del siglo XX el manuscrito estaba en poder de Juan Pérez de Guzmán y Boza, segundo duque de T’Serclaes de Tilly, que fue un escritor, político e historiador apasionado por la bibliofilia, afición que compartía con su hermano gemelo Manuel, marqués de Jerez de los Caballeros. Los Pérez de Guzmán tenían una riquísima biblioteca en la que atesoraban no solo libros, sino también pliegos sueltos. En Sevilla fundaron una tertulia a la que asistía lo más granado de la erudición de la época, y entre los asiduos encontramos a nuestro conocido Joaquín Hazañas y La Rúa, que llegó a ser rector de la Universidad Hispalense y que tenía algún vínculo con Ubrique, como he contado en otro lugar. No es de extrañar que fuese este Hazañas el que informara al duque de T’Serclaes de la existencia del manuscrito de Vegazo y facilitara su adquisición.

En cualquier caso, a la muerte del duque su biblioteca se dividió en lotes que se fueron subastando, quedando alguno en la Biblioteca Nacional. Se supone que en uno de esos lotes entró el Manuscrito de Vegazo, pero su paradero se desconoce.

Afortunadamente, tenía una copia del documento el pintor e historiador Enrique Romero de Torres (1872-1956), famoso entre otras cosas por haber redactado entre 1907 y 1908 la parte dedicada a la provincia de Cádiz del Catálogo Monumental de España, en el cual se lee:

Existe en nuestro poder una copia de un curioso manuscrito que se conserva en la biblioteca del señor duque de T’Serclaes, titulado “Antigüedades de Ubrique, descubiertas por D. Juan Begaso en el año 1792”. Es una relación muy detallada de todos los objetos descubiertos en aquella época y la descripción de los lugares donde fueron hallados.    

rojas_ocur_02Fray Sebastián de Ubrique dispuso de esa copia, como declaró en su Historia de la Villa de Ubrique (1944):

Debemos a la amabilidad de D. Enrique Romero Torres, Director del Museo de Bellas Artes de Córdoba [entre 1917 y 1941], autor del Catálogo Monumental de España – Provincia de Cádiz y feliz investigador de las ruinas de Medina Zahara, el habernos facilitado la copia que posee del manuscrito de D. José [sic] Vegazo. que obra en poder del Duque de Tilly y de T’Serclaes [fallecido en 1934].

En el capítulo de su libro dedicado al Ubrique Romano, Fray Sebastián dice que “su sencillo relato [el de Juan Vegazo] va a ser la base de nuestra descripción”, y efectivamente reproduce párrafos enteros que se suponen literales (aunque ortográficamente corregidos o adaptados).

Lo que yo creo es que Fray Sebastián reproduce la parte más sustancial o incluso la mayor parte del manuscrito de Vegazo, y me baso en dos hechos para sostenerlo:

  1. El texto de Vegazo que leemos en el libro de Fray Sebastián es ágil y sumario. Con muy pocas frases va despachando años enteros de excavación. No parece verosímil que el documento tenga otras partes en las que el autor desarrolle pormenorizadamente lo que ya ha dicho de forma resumida.
  2. Más importante aún, existe un manuscrito de 1809 que describe las ruinas del Salto de la Mora basándose también en el de Vegazo. Su autor es Simón de Rojas Clemente Rubio, un botánico que llegó a Ubrique y que en el curso de su visita conoció la existencia de los “papeles de Begazo”, como los llama en su diario. La descripción de Clemente sigue el mismo orden expositivo que la de Vegazo trasladada por Fray Sebastián, encontrándose a menudo expresiones idénticas en uno y otro texto. Casi todos los apartados en que podemos dividir la reproducción literal que hace el fraile tienen su correlato en el texto libre del científico. Como no parece probable que Fray Sebastián y Clemente hayan coincidido en la elección de las mismas partes del manuscrito de Vegazo y al mismo tiempo hayan coincidido también en el eventual descarte de otras partes, la conclusión es que lo que ambos han reproducido es el documento prácticamente completo (en un caso de forma literal y en el otro adaptada).

Más abajo copiaré las versiones de Fray Sebastián y de Clemente Rubio de los papeles de Vegazo para compararlas, pero antes presentaré a esta figura histórica de nombre de pila Simón de Rojas cuya relación con Ubrique y las razones que lo trajeron hasta aquí en agosto de 1809 hasta ahora desconocíamos en el pueblo.


El sabio moro

rojas_ocur_03Simón de Rojas Clemente Rubio (1777-1827) era un científico dedicado fundamentalmente a la botánica, pero igualmente le interesaban la filología, la filosofía, la teología, la historia, la política –fue diputado durante el Trienio Liberal–, la agronomía,  la geología, la mineralogía, la química, la farmacéutica… Un erudito polifacético en toda regla.

Había nacido en Titaguas (Valencia), patria chica a la que volvió en algunas ocasiones para escribir la “Historia civil, natural y eclesiástica” del pueblo. Enamorado del mundo oriental, a menudo vestía de árabe, y por tal podía pasar porque dominaba esta lengua. En algunos círculos lo llamaban “el sabio moro”.

En 1803 el poderoso primer ministro de Carlos IV Manuel Godoy le encargó que redactara una Historia Natural del Reino de Granada por la que le pagaría 1500 reales mensuales durante el tiempo que emplease en ello, garantizándole que trabajaría con total independencia de cualquier autoridad. Se dice que de esa manera el ministro recompensaba el silencio de Clemente por una turbia historia de espionaje en el norte de África en la que quisieron embarcarlo.

Nuestro hombre aceptó encantado el encargo, se compró dos pistolas, tomó a su servicio a un asistente, obtuvo los salvoconductos oficiales necesarios y en 1804, a la edad de 27 años, empezó a patearse lo que hoy son las provincias de Almería, Granada, Málaga y Cádiz, saliendo por la de Sevilla en1809. No quiere decir que se dedicara al proyecto durante esos 5 años, ya que intercaló otras ocupaciones como la de bibliotecario del Real Jardín Botánico de Madrid en 1805 o la de profesor de Agricultura en el Jardín Experimental y de Aclimatación de Sanlúcar de Barrameda, fundado en 1806 por iniciativa del ministro Godoy.

rojas_ocur_04Las vicisitudes de su viaje científico las iba plasmando en un diario o cuaderno de campo que al final alcanzó 8 gruesos tomos. En él demuestra compartir el adagio de Publio Terenciohombre soy y nada humano me es ajeno”, pues, aunque el propósito de la expedición era escribir una historia natural, no solo anotó los aspectos geográficos, geológicos y botánicos y otros relacionados como la agricultura y la industria (producciones fabriles, minas, comercio), sino que le interesaron todas las cuestiones sociológicas de las poblaciones y comarcas visitadas (diferencias sociales, miseria, analfabetismo, supersticiones, sanidad, epidemias…), así como sus manifestaciones artísticas, su historia, su patrimonio y hasta sus peculiaridades lingüísticas, llegando a compilar listas de las voces locales que le llamaban la atención. Su diario es toda una guía de viaje, ya que incluso da una relación de “personas que se han de consultar o ver”.

Como curiosidad, a él se debe la primera descripción del pinsapo de Grazalema y su identificación como abeto tres décadas antes de que lo hiciera el suizo Pierre Edmond Boissier, que es a quien se atribuye el “descubrimiento” porque lo estudió a fondo y lo publicó.

Clemente no publicó sus cuadernos de campo. De hecho, se pensó hasta hace no mucho que estaban perdidos. Pero finalmente aparecieron en el archivo del Real Jardín Botánico de Madrid. El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Antonio Gil Albarracín nos hizo el impagable favor de  transcribir tal monumento a letra de imprenta y de hacer un estudio preliminar, todo lo cual publicó en su obra Viaje a Andalucía. “Historia Natural del reino de Granada” (1804-1809) (editorial Griselda Bonet Girabet, Barcelona, 2002). un volumen con nada menos que 1247 páginas que contiene muchas ilustraciones originales del botánico.



2. Los papeles de Vegazo por Fray Sebastián y por Clemente

Para poder comparar el texto del manuscrito de Vegazo trasladado por Fray Sebastián con el resumen y adaptación que hace Clemente Rojas (leído por Antonio Gil Albarracín), he buscado en el libro del fraile todos los trozos del manuscrito reproducidos supuestamente de forma literal, y los he copiado más abajo en color azul. Hay un asunto del que, al parecer, Fray Sebastián prefiere ocuparse con sus propias palabras: el sistema de abastecimiento de aguas; esa parte y algunos otros comentarios de Fray Sebastián van en color morado. Pero es de suponer que esta cuestión también la trató Vegazo, ya que Clemente da detalles sobre dicho abastecimiento que no podía conocer por su cuenta. Los textos del botánico van en letra roja. Este inicia su exposición hablando del edificio funerario que en aquellos tiempo llamaban “mezquita”; Fray Sebastián omite ese tema quizá por resultarle tópico, pero es de suponer que también está en los papeles de Vegazo como párrafo introductorio con el que el descubridor explicaría por qué le llamó la atención el lugar y quiso excavar en la meseta (esta “mezquita” la conocían los habitantes de los contornos desde siempre, dada su visibilidad). Hechas estas advertencias, se comprobará que los textos de Fray Sebastián y Clemente tratan de lo mismo y siguen idéntica secuencia.

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[Fray Sebastián, comentario propio introductorio] En 1792, D. Juan Vegazo, en la efervescencia producida por los descubrimientos de Pompeya y Herculano, y cuando los cardenales Borbón y Despuig reunían sus espléndidas colecciones, con el deseo laudable de obtener algún descubrimiento sensacional a la nación, compró en 3.221 reales el pago del Salto de la Mora. Decidió ir roturando el terreno para plantar una viña y al mismo tiempo practicar excavaciones.

rojas_ocur_06[Clemente empieza su exposición, dándonos el nombre completo del descubridor] Don Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, en Ubrique, hombre muy curioso, compró en 1792 las tierras de Benafís el Alto por la curiosidad de reconocer los vestigios de obras antiguas que se descubrían en ellas.
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Observó a la entrada de la montaña una casa pequeña abovedada con paredes unidas a ella que parece haber pertenecido a su pórtico y la puerta arqueada de 76 [puede tratarse de una errata por 7 o 6] varas (no tanto) de altura, hecha de argamasa. A su entrada y en toda ella hay varios nichos de varias dimensiones. La llama el vulgo la Mezquita, pero parece ser un Baño romano, pues habiéndola descombrado se descubrieron en su centro 4 gradas para descender a un espacio u hoyo que remata en especie de limón con 1 ½ vara de hondo.
Subiendo más arriba se descubre una fuerte muralla de cantería labrada cortando todo el frente del haza, esta era fortaleza. Pasada ella se ven en varios sitios cuadros de casas, cimientos, pedazos de argamasa y otros vestigios de población.
En el Berrueco se descubren también vestigios romanos. Tiene una mina en su centro.
Puso Don Juan árboles frutales y en los hoyos encontraban cantos, ladrillos, cimientos, vidrios, platos quebrados, huesos, etc.


[Primer párrafo supuestamente literal del manuscrito de Vegazo trasladado por Fray Sebastián] “En el año de 1793 pensé poner viña, para que con los hoyos, cavas y labores correspondientes poder descubrir lo que debajo de tierra pudiera haber. En efecto, próximos a la entrada, descubrí cuadros de casas no muy grandes. Un poco mas arriba, a la izquierda, un cuadro de dos varas. y en cada esquina una columna de ladrillo y el centro lleno de argamasa fina.”

En 93 puso Don Juan viña para con las cavas adelantar los descubrimientos. En efecto, descubrió varios cimientos, un cuadro como de 2 varas y en cada esquina una columna redonda de ladrillo.


rojas_ocur_08“En este sitio estaba una estatua, creo de Proserpina, de medio cuerpo y sin cabeza, con el ropaje airoso. De la cintura le salen dos áspides hasta el pecho; las orejas parecen dos alas de pájaro, y en la cabeza salen otros dos áspides, rematando esta figura en el extremo del pecho. En donde corresponde tener la cabeza, tiene un hoyo de cuatro dedos de hondo algo labrado. Le falta algo de un hombro, y donde se muestra el brazo izquierdo, tiene un perno de hierro embutido. donde quizá tendría alguna tarjeta que no se ha encontrado.”

En este sitio estaba la estatua de Proserpina [Nota al pie hecha por Clemente: Acaso sea de Cleopatra o /espacio en blanco/] de medio cuerpo, sin cabeza, con ropaje airoso, saliéndole de la cintura hasta el pecho dos áspides y con un rostro en el pecho rodeado de otros dos áspides y unas alas como de pájaro sobre el rostro; sobre el rostro de la estatua salen otros dos áspides. No tiene manos ni piernas, pero sí en el brazo izquierdo un perno de hierro que manifiesta sostendría alguna tarjeta.


“Cerca de este sitio. a las ocho varas, está una pared de ocho varas de largo y dos de alto. Procuré ver este cuadro, y descubrí ser un aljibe, y lo restante de la demás obra era una casa. Contra esta obra baja del cerro una escalera de cantería: como a las ocho varas baja otra escalera, formada por las mismas escaleras del cerro. Toda esta parle de la sierra estuvo poblada de casas, por los cimientos y paredes que se manifiestan. En lo más alto descubrí una grande aljibe, de hondo seis varas. cuatro de largo y una y media de ancho.”

A las ocho varas de este sitio está una pared de dos varas de alto que pertenece a un aljibe de diez varas de largo. Contra esta obra baja de la Sierra una escalera de cantería. Como a las ocho varas baja otra formada en la roca del cerro. En lo más alto se descubrió otro aljibe de 6 varas hondo, 4 largo y 1 ½ ancho.


En el año 1794 seguí mis tareas en el llano de la derecha, frente a la entrada, como de cien varas. poniendo vides, y encontré tejas romanas y demás fragmentos, un aljibe, un caño fortísimo, cubierto de losas. tinajillas, porrones, pedazos de columnas, bases capiteles de piedra basta, bien labrados y algunas monedas. A corta distancia se descubre un horno hundido, por verse el principio abovedado y los ladrillos quemados y paredes próximas de cantería; y, procurando desenvolver este terreno, encuentro monedas, plomo, metales, hasta que, cansado de tanto gasto, lo dejé, aunque mi deseo era excavar el terreno de la sierra, para dar alguna noticia a la nación. Próximos a uno y otro lado del horno que figuro, hay dos grandes majanos de cantos y piedras, y advirtiendo a la mano derecha entre las piedras, vese la tierra quemada, y en ella un moco de hierro con abundancia, hierrecillos, como si en otro tiempo hubiera habido allí fragua. Vuelvo a porfiar con nuevos gastos, y reparo que catorce hombres que acudían a trabajar acudían con afán a recoger monedas, de que algunos llenaron sus faltriqueras. Recogí algunas y me costó gratificarles, por conservar las bellas figuras que se demostraban y por su antigüedad. En este sitio me parece había fundición, por encontrarse moneda por acuñar. pedazos de metal, cobre, plomo, hierro, acero, escorias condensadas del fuego, un garfio de metal, muchas púas de hierro de a cuarta. pedazos de calderas, varios trozos de cuchillos u otros instrumentos cortantes, todo corroído por el tiempo.”

En 1794 se encontraron, siguiendo el plantío de vides, tejas romanas [Nota de Clemente: Planas con reborde para formar canal, anchas. hechas pedazos en gran número ] y varias tinajas pequeñas, porrones, pedazos de columnas, basas y capiteles y algunas monedas. Un horno con principio de bóveda, los ladrillos quemados y cantería. Contra el horno hay una tierra quemada y escorias de hierro, al parecer, y en ella se encontró un gran número de monedas romanas, muchas de ellas perfectamente conservadas. Este sitio parece era de fundición, pues se encuentran en él monedas por acuñar, pedazos de hierro, cobre, plomo, acero, escorias, un garfio de metal, muchas púas de hierro de a cuarta, pedazos de calderas, de instrumentos cortantes como cuchillos, todo corroído.


rojas_ocur_09“Hay cerca otro majano de mucha piedra, y, aunque quité mucha parte de ella, viendo tanto gasto, seguí más al centro del llano, y se encontraron cuadros de casas, todo de cantería. que para cada hoyo de vid se necesitaban barras. escardillones y armaina [sic, por almaina], estando las casas tan unidas, que todo este sitio era un escollo para los trabajadores y gasto para mí. Sin embargo, deseoso de descubrir alguna cosa notable, continúo por dar en un recinto ovalado de piedras labradas. Mandé traer espuertas. y que se profundizara hasta dar con los cimientos. A las dos varas se descubre un enlosado de piedras jabalunas, tan unidas que, a fuerza de armainas y de barras, se levantó una parte, para poder ir moviendo las demás, cuando, a las ocho varas de tierra que se ha excavado, con espuertas, en dicho llano, rojas_ocur_10se descubre una piedra por la espalda, de dos varas de largo y tres cuartas de ancho, labrada. Junté catorce hombres. y. con la mayor delicadeza, se fue inculcando con palancas y con arte, a fuerza de mucho trabajo. Se puso derecha, descubriéndose letreros. El pedestal no es de piedra muy sólida. Algunas letras están corroídas. Al fin se copiará la inscripción.”

Todo este sitio era muy difícil de labrar por los muchos cimientos, bastando apenas los escardillones, vara y almaina para hacer los hoyos. Se dio en un recinto ovalado de piedra labrada y en él, a las dos varas de excavación, un enlosado de piedra jabaluna (caliza común) bruñida, luego una pilastra de 2 ½ varas de alto y 3 cuartas de grueso, muy labrada y llena de letreros que se puso en pie (véase la inscripción al fin) .


“Siguen sacando losas de una cuarta de grueso y vara en cuadro; otras de una y media; y, en fin. saqué lo suficiente para mi lagar y mantillo. Inmediato a la piedra anterior, se descubre otro pedestal igual. aunque con letras distintas. Procuré conducirlos ambos, con bastante trabajo, junto al camino para mayor vista. Después observé en un hoyo una piedra labrada, que se halló ser un hombre, tronco sin cabeza, manos ni pies, de alabastro blanco, como la leche, con ropaje a la espalda de piel de león y el pecho labrado. Hubo la desgracia de que, para sacarlo. le rompieron parte del hombro y pecho. Demuestra como si hubiera tenido una tarjeta en los pies. Hallé una mano sin dedos. Los trabajadores conceptuaron que debajo de esta figura habla algún tesoro, o cosa de valor, y así profundizaron hasta ser preciso hacer escaleras en el hoyo para vaciar con espuertas la tierra. Solo se encontraron cantos y columnas, una de dos varas, otras en pedazos, medio capitel de alabastro, un pedazo de moldura de jaspe, pedazos redondos de alabastro, como de columnas, muchas losas partidas delgadas de alabastro y de jaspe y lo principal un canto de piedra flexible, que, apenas se sacó, cuando se deshizo. Tenía letras. y se percibió decían: Liviae. Lo demás se escareció. Debajo de este se encontró otro canto. lleno de molduras, infiriéndose estaba el busto sobre estas dos piezas. por lo que conceptúo sería esto algún templo. No satisfechos los trabajadores con lo sacado, se empeñan en ahondar más, y, como a tres varas, después de sacar los escombros de esta población, encuentran tierra limpia y sin fragmentos de obra ni cantos; y, como a la vara de más profundidad, se vuelven a encontrar otros nuevos fragmentos de mezclas, cantos, ladrillos, platos quebrados, cristales, y, en fin, ruinas casi evidentes de otra población más antigua que la descubierta primero. Como en partes el terreno forma declive y en parle es llano, no es extraño que, con los dilatados siglos que han pasado, se haya corrido la tierra, y se haya ocultado esta primera población; así como se ha perdido la memoria de la población romana, pues parece que ningún autor habla de ella; así con más razón se ignorará la precedente. rojas_ocur_11Si se ahondase este terreno, así como más inmediato a la superficie se han encontrado medallas e inscripciones, que hablan de los emperadores romanos Commodo, Antonino, Adriano, Trajano, Teodosio y otros, no seria mucho que más profundo se hallaran algunas lápidas o monedas que dieran alguna luz sobre los primeros habitantes: pero yo he hecho más gasto de lo que he podido.”

Próxima a esta se descubrió otro pedestal igual con otros letreros que se condujo al camino para adornarlo. Cerca de esta se descubrió una estatua tronco de mármol primitivo con ropaje a la espalda de piel de león [Nota de Clemente: Ambas estatuas muy bien hechas, especialmente el Hércules. Se conserva de este el tronco y muslos. Ambas son de muy buen mármol primitivo. Son las dos del tamaño del natural ]; una mano suelta sin dedos se halló y se conserva. Se hizo pedazos luego que le dio el aire y tenía inscrita la voz lavíe. Bajo este busto se descubrió una piedra con molduras en que estaría él, siendo el óvalo su templo. Ahondando más se descubrieron tiestos de tazas de cristales, ladrillos, etc.


rojas_ocur_12“El año 1795 continué completando el plantío de viña en todo este llano, y se encontraron distintas paredes de cimientos de canterla muy sólida, un aljibe o baño en una casa casi redondo, sus esquinas eran redondas y poco honda en su medio. Esta casa estaba enladrillada con ladrillos. como de cuatro dedos, todos de punta, Se halló un pedazo de letrero, en piedra jabaluna. que parece decir: CAESARI ADRIANO DEDICATIONE, media pilita de mármol, como una taza; unas rositas de mármol; medio capitel de alabastro y un pedazo de moldura de jaspe de columnas; varios ladrillos chicos, unos de llano y otros de punta; otra cosa con figura de flor, por tener un ladrillo pequeño en medio y cuatro en los lados de punta de diamante. En fin. donde pensé hacer casa para mi habitación. costó gran trabajo limpiar el terreno, descubriéndose una casa superior por el terreno que ocupa. En una parte formé sobre los muros que descubrí, y deseoso de ver el plano. admiro la tapicería  de piedras que, formando tableros de damas de diversos colores, causaba admiración a quien lo miraba. Enseguida estaba formada una maceta, saliendo del centro un tronco con ramos de flores y lirios de varios colores. Tan delicados, que al tacto y vista casi no se encontraban, cuando los quité por tener que rebajar el terreno [Nota de F. S.: El lector habrá advertido que se trata de un valioso pavimento de mosaico]. Este cerro en su mayor altura está lleno de cantos y demás fragmentos, y en una casa de esta encontré vestigios de otra fragua. Al fin de esta sierra estaba un almacén de cantos y piedras, y una era redonda de mampuesto. Como me dijeron que sonaba hueco cuando se trillaba, la hice romper por tres sitios, y encontré un caño que la atravesaba, y estaba lleno de una masa como de cenizas condensadas. En estas roturas hallé como si hubieran vaciado algunos crisoles y un zarcillo o arete de oro como una lágrima de pendiente: su peso como de veinte reales. En el almacén de piedras arriba dicho descubrí un gran estanque, y junto a este, más bajo, otro pequeño, que infiero comunicaría el agua por un agujero que tiene en el fondo al extremo de la era, para alguna fragua, por los escombros que se demuestran. Este estanque grande sigue por un lado contra la era, una como mina abovedada, hasta parecer salir de la era. Está caída, llena de piedras y picaduras. Salen de ellas varias paredes por los dos extremos, unas rectas y otras de varias figuras. Por el otro extremo descubrí un aljibe, con el techo en su centro, con grandes y vistosas molduras con distintos charolados de colores. [Nota de F. S.: AI parecer una cámara funeraria, similar a la de Carmona.].

Se siguió el plantío en el año de 95 y salió entre muchos cimientos un letrero en piedra jabaluna [Nota de Clemente: Parece parte de una inscripción como las otras. Se lee en él: Dedicavit ], muchos ladrillos de diversas formas, varios enladrillados, medio capitel de mármol primitivo, pedazos de lositas de dicho mármol, un trozo de moldura de jaspe, baños, columnas, aljibes y, en el cuadro de los cimientos de una casa, una tapicería de piedras formando tablero de damas de diversos colores. Del centro de una maceta salía un tronco con ramos y lirios, todo de ladrillo de todos colores en pedacitos muy pequeños y muy bien unidos. Encontró un caño de tres cuartas de alto y ½ de ancho entre otros aljibes, uno que Don Juan ha puesto en uso, con los colores y charoles del techo muy frescos; vestigios de fragua y, a un tiro de bala del baño, varios pedestales.

[En la parte final de la descripción Clemente dice esto:] En las roturas se encontró señal como de haber vaciado algunos crisoles y, entre la escoria, un zarcillo de oro de arete y una como lágrima de pendiente, su peso 26 reales

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rojas_ocur_14[Habla ahora Fray Sebastián] Supone este [Juan Vegazo] erróneamente que la mal llamada Mezquita, a la subida, eran unos baños y que hasta allí llegaban las aguas de Benaocaz. Sus investigaciones descubrieron que fue conducida hasta Occurris en atanores de plomo el agua del manantial de Castril, y fue siguiendo los restos del acueducto hasta comprobar su existencia. Para informarse mejor fue hasta Benaocaz, preguntó a los ancianos y le confirmaron lo dicho: y, hallándose allí predicando el P. Diego de Ubrique, le dijo que habla visto un atanor de plomo que había sacado un cabrero de entre un lentisco de la cañería de los romanos. De ser esto así, asombra el trabajo de ingeniería de los antiguos para surtir de agua a su ciudad.

Parece increíble cómo condujeron el agua al baño cortando las Sierras, trayéndola de un nacimiento de Benaocaz llamado el Castril, según tradición. Ya se descubría, ya se perdía la cañería hasta hallarle el giro cierto en el sitio de los Panderones*, junto a la Cabreriza de los Pérez, pasa por otra Sierra más encumbrada, junto al Camino de Benaocaz.

[* Así aparece en el texto de Clemente –o al menos en la versión de A. Gil Albarracín– lo que en la actualidad se llama Paredones. La palabra panderón existe; según la RAE es un andalucismo que significa “Plano inclinado, de superficie lisa y suave, formado por grandes hojas de pizarra de color acerado y bruñido aspecto, que forma la parte convexa de algunas lomas de Sierra Nevada. Panderones del Veleta, del Mulhacén”. Quizá Clemente, que estuvo en el Mulhacén, se trajo de allí esta voz.]


rojas_ocur_14[Continúa el manuscrito de Vegazo según Fray Sebastián] “Esta montana estuvo amurallada, desde la fábrica de los baños, que está a la subida, por ir por aquel cerro pedazos de paredones, poniéndose en evidencia que en esta altura estaba la fortaleza y los que la gobernaban, y al pie de ella el centro de la ciudad, llamada Ocurritano, descubriéndose en el día, a distancia de un cuarto de legua, las obras de canterla y fragmentos, que no dejan duda que seria una población grande y magnifica. En el fondo de la haza es probable se encontraran muchas cosas, pues sin mayor diligencia, al cavar las cepas, se han hallado pedazos de tazas con alguna letra y flores, y uno tenia grabada en relieve una figura vestida a la romana. En el terreno contiguo a la sierra del Benalfí se descubren ruinas, cuadros de casas y muchos fragmentos, cantos hasta el llamado Cerro de la Llave, donde entre los olivos se descubren restos de una población que seria muy populosa.”

En la fortaleza de esta antigua Ciudad se ven capiteles de piedras, unas traídas de Morón, distante 9 leguas, otras de Marchena, distante 13 leguas. Nadie habla de esta Ciudad. La Ciudad se llamaba Ocuri o Ocuritano, sus vestigios se extienden hasta ¼ de leguas.

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Nótese que Clemente llama a la ciudad “Ocuri o Ocuritano” a pesar de que en el manuscrito de Vegazo, según Fray Sebastián, se lee “Ocurritano”. No es de extrañar Fray Sebastián, en la adaptación, “arreglara” el topónimo habiéndolo escrito Vegazo correctamente; de hecho, por lo que diré seguidamente, así debió de ser. 

Llama la atención la descripción que hace Simón Clemente del muro: “Subiendo más arriba se descubre una fuerte muralla de cantería labrada cortando todo el frente del haza”. ¿Había hace dos siglos  piedras de este tipo que la gente se ha ido llevando? En la ladera del Salto de la Mora dicen que quedan algunas piedras de este tipo.



3. Juan Vicente Vegazo Montes de Oca

La descripción de las ruinas del Salto de la Mora la hizo Simón de Rojas Clemente Rubio en una entrada de su diario fechada el 23 de agosto de 1809. Pero el botánico ya llevaba unos días en Ubrique, pues llegó en torno al 19. Leyendo el texto de Clemente se tiene la impresión de que la descripción del yacimiento la hizo antes de visitarlo, valiéndose de una información que no podía ser otra que los “papeles de Begazo”, pues el mismo los cita (así) como se verá más adelante. Una vez conocidas las ruinas introdujo notas que completan lo que ya había escrito, como ya hemos visto en los fragmentos que he trasladado hasta aquí y veremos aún más claramente en los que figuran más abajo.

No hay que olvidar que Clemente estaba realizando un viaje científico comisionado por el Gobierno. Lo más seguro es que nada más llegar a Ubrique presentara sus credenciales al corregidor y este le facilitara el contacto con los que podrían informarle sobre el pueblo. Entre ellos, sin duda, estaría Juan Vegazo, quien entregaría una copia de su manuscrito al botánico (y si no fue él, lo hizo otro).

En el Archivo Municipal de Sevilla se conserva una carta dirigida desde Ubrique el 10 de noviembre de 1798 por “Juan Vizte. Vegazo Montes de Oca a Juan Ignacio de Espinosa y Tello de Guzmán, tercer conde del Águila. El remitente dice:

mi estimado difunto, fue el unico que con toda propiedad vio y poseyo las mas de las monedas, iscrisiones y los dos bustos, de Ercules y proserpina qe. vio en esta eredad, remitiendole las noticias que no havía uisto; asu muerte…

Este texto, tal como está redactado ha sido hasta hora interpretado como una referencia a la supuesta muerte del descubridor hecha por un familiar suyo. Pero hay una frase en la carta que pone en duda esta hipótesis:

he gastado munchos pesos en su descubrimiento y solo dose monedas conservo; y lo demas, por dificir de recoxer, se quedan en los sitios.

¡Ese que escribe así tiene que ser nuestro Juan Vegazo! Quejarse de sus gastos es como su firma, su leit motiv. Porque el descubridor parece que nunca dejaba de lamentarse de sus desembolsos, como lo prueban estos fragmentos de su manuscrito:

  • “…hasta que, cansado de tanto gasto, lo dejé.”
  • “Vuelvo a porfiar con nuevos gastos…”
  • “…aunque quité mucha parte de ella, viendo tanto gasto…”
  • “…todo este sitio era un escollo para los trabajadores y gasto para mí.”
  • “…pero yo he hecho más gasto de lo que he podido…”

Lo anterior es una conjetura, pero queda científicamente apoyada por el hecho de que Simón de Rojas Clemente comienza su descripción del yacimiento del Salto de la Mora con las palabras “Don Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, en Ubrique, hombre muy curioso…”, nombre que coincide con el del firmante de la carta al conde del Águila.

Las quejas de Vegazo expresadas en esa carta son comprensibles. El prudente hacendado, sospechando por los indicios visibles que en el lugar podrían existir ruinas romanas, concibió un plan que en el peor de los casos resultaría rentable: “poner viña, para que con los hoyos, cavas y labores correspondientes poder descubrir lo que debajo de tierra pudiera haber”. No encontró tesoros contantes y sonantes, pero sí restos antiguos que muchos ilustrados de la época consideraron tesoros. El yacimiento atrajo por ello una atención inusitada de los “anticuarios”. No habría pasado un año del descubrimiento de las inscripciones y ya se habían presentado allí para copiarlas un académico de la Real de la Historia (Domingo Traggia) acompañado del cura de Ubrique Simón de Zamora, el también cura Joaquín Cid Carrascal junto al médico Antonio Santaella –ambos llegaron de Sevilla para transmitir la información a Juan Francisco Masdeu, que vivía en Roma y la publicó en 1800– y quién sabe cuántos más. Así que el buen viticultor estaría en su derecho de decir que le encantaba que su descubrimiento gustara a tanta gente importante, pero que ¡el gasto lo estaba haciendo él! En la carta que dirige al conde del Águila le expone: “La aCademia de Madrid tiene todas estas noticias y el Alar [¿Atlas?] Masdeus para ponerlas en la istoria”. Creo que era una manera educada de indicar que ya había cumplido con creces con sus deberes patrióticos y que quería que lo dejaran en paz.

Se ha dicho que Juan Vegazo pudo ser un hombre culto e ilustrado versado en la historia y cultura latinas, aportándose como dato a favor de esa tesis que identificó como del emperador Cómodo la estatua descabezada que había hallado basándose en la piel de león que llevaba. No conozco ningún documento de Vegazo en el que este diga que la estatua era de Comodo. Pero en el caso de que se encontrara alguna vez alguno, ¿no sería lo más probable que eso lo hubiera oído de los eruditos que subieron a su viña a conocer los hallazgos en los cuatro años siguientes a su descubrimiento? Que yo sepa, el primero que identificó esa escultura como representativa de Cómodo fue el “anticuario” cordobés Andrés Palacios y lo comunicó a la Real Academia de la Historia en una carta fechada en septiembre de 1797.

Siento romper la burbuja del mito, pero creo que Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, descubridor de la antigua ciudad de Ocur, era una persona con inquietudes ciertamente inusuales pero con aptitudes menos extraordinarias de lo que se quiere ver. No se olvide que destruyó, con la excusa de “tener que rebajar el terreno”, un mosaico que según él “causaba admiración a quien lo miraba”.

* * *

No sé mucho más de Juan Vegazo, aunque Manuel Zaldívar ha rastreado en el Archivo Diocesano de Jerez y ha encontrado a varios Juan Vicente Vegazo. Resulta curioso que Simón Clemente, en su Diario, confunde el apellido Vegazo con el de “Bozano”. Esta palabra está tachada en el manuscrito del botánico para, a continuación, corregirla con “Vegazo”. Bozano es un apellido muy raro cuya mayor presencia actual se da en las provincias de Cádiz, Málaga, Navarra y Valencia. De la de Valencia era Clemente. ¿Cometió al lapsus pensando en algún conocido? También está tachada la palabra “clérigo”. ¿Parecería Juan Vegazo un cura? No deja de resultar curioso que cuando Clemente visitó Cortes de la Frontera semanas algunas semanas después hiciera esta anotación: “El escribano de Cortes viste de Capellán, como el Anticuario de Ubrique”. ¿¡Se referiría a Vegazo!?

rojas_ocur_16Vivió en Ubrique en aquellos tiempos un José Vegazo Montes de Oca que a juzgar por los apellidos podría ser hermano del descubridor. José contribuyó con 30 reales mensuales a una colecta para sostener la Guerra del Rosellón entre la monarquía española de Carlos IV y la República Francesa entre 1793 y 1795 (en esta contienda España trató de recuperar territorio pirenaico perdido un siglo antes). En 1811 un José Vegazo Montesdeoca que debe de ser el mismo fue candidato a elector para la “nominación de diputado y síndico personero del común”, votación en la que participaron 19 vecinos mayores de 25 años. Él solo obtuvo un voto.

Si en 1793 disponía de dinero para contribuir a la causa nacional, se supone que por esos años ya no sería precisamente un jovencito, sino que estaría establecido y tendría una situación económicamente desahogada que le permitía hacer donaciones como esta sin término anunciado (“durante la guerra”). Por lo tanto, es posible que José Vegazo Montesdeoca o Montes de Oca naciera mediado el siglo XVIII. No mucho antes porque, de ser así, en 1811 tendría ya una edad en la que la política empezaría a dejar de interesarle (es de suponer). Creo que es razonable conjeturar que si Juan Vicente Vegazo era hermano de José, aquel tendría una edad parecida.

* * *

En cualquier caso, como he dicho más arriba, Juan Vegazo estaba muy probablemente vivo en 1809. Apoyan estas suposición estas tres frases que aparecen en el cuaderno de campo de Simón de Rojas Clemente:

  • “Don Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, en Ubrique, hombre muy curioso…”
  • … uno [aljibe] que Don Juan ha puesto en uso…
  • “Don Juan ha colocado los pedestales y columnas en la viña…”

Si cuando Clemente llegó a Ubrique Juan Vegazo ya hubiera pasado a mejor vida, creo que el botánico habría escrito “Don Juan Vicente Vegazo Montes de Oca, natural de Ubrique, era hombre muy curioso”; “un aljibe que el señor Vegazo puso en uso…”; y “Don Juan colocó los pedestales y columnas en la viña…”.


Casi con toda seguridad, Simón Clemente recibió información sobre las inscripciones del cura Simón de Zamora

Cuando Simón de Rojas Clemente Rubio pasó por Ubrique estaba de presbítero beneficiado y párroco castrense en el pueblo Simón de Zamora, personaje cuya memoria ha llegado a nuestros días precisamente por su interés en las ruinas del Salto de la Mora. Mi amigo Manuel Zaldívar ha encontrado su rastro en el Archivo Diocesano de Jerez y en los antiguos padrones que se conservan en el Archivo Histórico Municipal de Ubrique. En los libros de índices de bautismos que conserva la primera institución aparece cristianado en Ubrique en 1743 como Simón Judas José, hijo de Miguel Zamora e Inés García Montero. Y en el censo de 1818 se dice que vivía en la calle del Perdón.

Este cura visitó el yacimiento probablemente en muchas ocasiones, pues en 1805 escribió una carta a la Real Academia de la Historia (RAH) informando de los hallazgos y 18 años más tarde seguía hablando de las ruinas en otro documento. La carta a la RAH es especialmente interesante porque en ella Zamora explica que el 21 de febrero de 1795 él subió a Salto de la Mora acompañando al académico y militar Mariano Domingo Traggia Uribarri, el cual pasaba por Ubrique al frente de su compañía de húsares y se interesó. El cura anotó la lectura y traducción de los epígrafes que según él hizo Traggia y las envió a la RAH. Esta versión de las inscripciones es la más imperfecta de cuantas se conocen. Pues bien, aparece en el Diario de Simón de Rojas Clemente y este incluso dice que la transcripción se debía a “Toragia”. El hecho de escribir de ese modo el apellido sugiere que lo oyó por primera vez en Ubrique, y, por lo dicho, lo más probable es que fuera de boca de Simón de Zamora. Dice Clemente:

El Coronel de Húsares Don Domingo Toragía, Marqués del Palacio, en otro tiempo Gobernador de Cervera, donde dice haber descubierto muchas antigüedades, noticioso de las ruinas de Benafelis vulgo Benafís, distante como ¼ de legua de Ubrique, a la parte del Norte y viento Nordeste, quiso verlas y dijo que los estanques y murallas eran obra de Moros y que estas no manifestaban haber sido fortaleza y sí solo cerca a impedir la entrada al terreno y sitio donde estaba el Templo, notando que el baño y vestigios de gran población que están en la falda de la Sierra se hallan fuera de la muralla, pues esta solo rodea la cumbre. Vio ladrillos enteros y tejas enteras de tres cuartas de largo y dos de ancho, llanas como para ensamblarse unas con otras con sus engargoladuras.
De él son la lectura y traducción de las inscripciones.

LECTURA DEL NÚMERO 1 Y VERSIÓN
Imperatori Caesari, Divi
Hadriani filio, divi Tra
jani Parentis nepoti, di
vi Nervae Pronepoti: Pio
Hadriano Antonino. Au
gusto Pío Pontifici Maxi
mo Populi romano Potes
tate urbis consuli 3°
Populi Procuratori Pu
blico Ocuritanorum [sic] decre
to Decurionum dedicavit,
aut dono dedit.

Al Emperador César, hijo del Divino Hadriano, Nieto del Divino Trajano, biznieto del Divino Nerva; al Pio Hadriano Antonino Augusto Pío, Pontífice Máximo, Cónsul de Roma por la potestad del Pueblo Romano, 3° procurador público del Pueblo Ocurritano, en fuerza de decreto de Los Decuriones se dedica.

LECTURA DEL NÚMERO 2°.
Imperatori Caesari Mar-
co Aurelio Commodo An-
tonino Augusro Pio felici-
ter Sarmatarum Magis-
tro, Pontifici Maximo tri-
buno Peblis. 4° Imperatori.
X Consuli urbis, Procurarori
Publico Republicae Ocurriranorum
decreto decurionum dedicavit
aut dono dedit.

VERSIÓN DEL NÚMERO 2°.
A! Emperador César Marco Aure!io Cómodo, Antonino Augusto Pío felizmente Maestro de !os Sármatas, Pontífice Máximo, 4° Tribuno de la plebe, Emperador Xº, Cónsul de Roma, Procurador público de la República de los Ocurrítanos, en fuerza de decreto de los decuriones se dedicó.



4. Vegazo dio a Clemente una lectura de las inscripciones

rojas_ocur_17Entre los documentos que tenía Juan Vegazo en su archivo particular figuraría una lectura de las inscripciones de Antonino Pío y Cómodo distinta de la de Zamora/Traggia, lectura que Simón de Rojas Clemente trasladaría a su cuaderno de campo. Estas suposiciones cabe deducirlas del análisis del cuaderno de campo de Clemente.

Efectivamente, en dicho cuaderno, inmediatamente después de la descripción del yacimiento (que termina con las palabras “la Ciudad se llamaba Ocuri o Ocuritano, sus vestigios se extienden hasta ¼ de leguas”), Clemente escribe lo que se ve en la imagen de la derecha, que es una lectura del epígrafe de Antonino Pío (“Inscripción nº 1”).

rojas_ocur_18Y a continuación, ya en la página siguiente, aparece  lo que se ve en la imagen de aquí al lado, que evidentemente es una transcripción de la lápida de Cómodo.

Como se puede observar, Clemente ha hecho correcciones al margen en ambas lecturas.

Pues bien, a continuación de la transcripción del epígrafe de Cómodo, el botánico explica:

Hice las correcciones y notas que se ven hasta aquí a vista de los monumentos sobre el texto copiado antes de los papeles de Begazo. Clemente [rubricado].

Ese “antes” hay que entenderlo como anteriormente o más arriba,  no como en un tiempo anterior, ya que no tiene sentido que Clemente se planteara resolver supuestas disquisiciones sobre prioridad de autoría, disquisiciones que, por otra parte, ni existirían en aquellos primeros momentos tras el descubrimiento ni creo que hayan surgido después. Es decir, Clemente está informándonos de que la transcripción de las inscripciones que vertió a su cuaderno de campo es la que tomó de unos papeles que tenía Vegazo.

rojas_ocur_19

Pero hay algo en lo que Clemente no es claro o no es sincero. Al afirmar que “hice las correcciones y notas que se ven hasta aquí a vista de los monumentos” está dando a entender que después de haber copiado las transcripciones de los epígrafes que se hallaban entre los papales de Vegazo subió al Salto de la Mora y al ver personalmente, con sus propios ojos, las lápidas, hizo algunas correcciones en esas transcripciones. Efectivamente, en los márgenes de las mismas se ven correcciones, y otra en una nota al pie de una de las transcripciones, nota que es esta:

rojas_ocur_20

Pues bien, esas correcciones no son suyas. Clemente las tomó de otro documento que probablemente también estaba en poder de Vegazo y este se lo ofreció al botánico. De ese otro documento, de autor anónimo, tenía una copia un erudito que vivía en Sevilla. El documento se titulaba “Observaciones que se han de hacer en las dos inscripciones descubiertas junto a Ubrique”. Es fácil comprobar que Clemente se basa en él. Basta comparar su contenido con estas “Observaciones” que el botánico escribió en su cuaderno de campo:

OBSERVACIONES SOBRE LAS DOS INSCRIPCIONES

En la segunda línea la E parece debe ser F para que se lea: Filii
.
En la 3ª, en lugar de
PAR se lea PARTH o sin la h para leer: Parthici
, título aplicado a Trajano en inscripciones y medallas.
En la 5ª la voz
pío
jamás se halla antepuesta al nombre de Hadriano y aquí estaría duplicada. Al nombre de Hadriano se halla antepuesto T.AEL y acaso se halle así en nuestra inscripción, leyéndose: Tito Aelio Hadriano.
Se supone que las líneas 7, 8 y 9 están faltas por el principio por borradas las letras o quebrada la piedra.
Las dos R.R. de la 7ª nada dicen, debía ser TRIB para leerse:
Tribunitia potestate
.
En la 8ª falta RES para leer: Respublica.
[En una nota al pie Clemente indica: “Se lee RES en efecto, aunque con alguna dificultad”.]
En la 9ª falta DE precisamente.

Línea 4ª después de
Aug.
, solo debe haber un punto.
Después de
Fel
otro punto por ser abreviatura.
La última sílaba debe empezar con
G y acabar con punto para ser abreviatura de Germánico y acaso tendrá además una M [En una nota al pie Clemente, tras haber visto la lápida, aclara: “No la tiene”.]

Línea 5ª, la 1ª palabra debe ser
SARM, sin punto entre la R y M para ser abreviatura de Sarmático
y se leerán los tres títulos que se aplicaban al Emperador Cómodo.

Incluso si no hubiéramos encontrado el documento que copió Clemente, podríamos asegurar que estas Observaciones no son de su cosecha. Sería sorprendente que tuviera tanta erudición histórica, que en su memoria atesorase tantos datos. Téngase en cuenta que su cuaderno de campo o diario lo escribía estando de viaje, no en la biblioteca de su casa, por lo que no dispondría de libros para hacer las consultas necesarias.

Sí son suyos dos comentarios sobre estas Observaciones que hizo tras contemplar las lápidas con sus propios ojos. Estos comentarios son: “Se lee RES en efecto, aunque con alguna dificultad” y “No la tiene”.

Clemente no es honesto en esta ocasión. No indica la procedencia de las fuentes que utiliza, dejación que confunde al historiador ya que, además, su afán de copiar todo sin seso le hace incurrir en absurdos. Por ejemplo, dice en la Observaciones: “Línea 4ª después de Aug., solo debe haber un punto”. Pero eso es lo que hay en la lectura que nos proporciona: un punto, no dos. Después señala que tras FEL debe existir un punto, pero ese punto está. ¿Cómo entender estas contradicciones? En otra parte he dado mi explicación: Vegazo tenía muchos documentos en su archivo. Entre ellos había dos documentos: una lectura de las transcripciones y unas Observaciones a otra lectura de las transcripciones, parecida pero no la misma. Clemente copia ambos documentos.

Es más, además de estas Observaciones, el mismo autor (desconocido) que las hizo y del que se sirvió Clemente redactó un segundo informe con comentarios sobre los anacronismos que contiene  la inscripción de Cómodo (se atribuyen a este césar unas magistraturas y dignidades que son imposibles o que no cuadran entre sí cronológicamente). Pues bien, Clemente vertió a su Diario ese segundo informe copiándolo al pie de la letra como sigue:

En las siglas o números de las tres datas [de la lápida de Cómodo], que se expresan en las líneas 6ª y 7ª hay envueltos algunos anacronismos (sin embargo están así en la lápida [rubricado]). Cómodo no fue proclamado Emperador más que ocho veces y la octava la tuvo en el año 186, en que fue Cónsul V, con que el X que se pone al fin de la línea 6ª está errado y deberá ser un V y además tres III para que diga IMP. VIII, Imperator 8, que es el que tenía en aquel Consulado V. Este Consulado V lo obtuvo dicho año de 186 y se le fue repitiendo en las Inscripciones de los 4 años 86, 87, 88 y 89. En algunas de este último ya se lee: CONS. DES. VI. y efectivamente fue Cónsul la 6ª vez en el siguiente de 190.
     De donde se infiere que la tribunicia potestad de nuestra inscripción deberá ser una de las que obtuvo en dichos 4 años, pues ellas se sucedieron así. En el año del 86 TRIB. P. XI., en 87 XII, en 88 XIII, en 89 XIV. Se deberá pues observar con cuidado cual de estos 4 números se acomoda mejor a lo que se descubre en la piedra, pues los IIII que se copian parece no pueden ser [Nota al pie: “Los son, Clemente” (rubricado).] A mi me parece más verosímil la XII si acaso están cruzadas las dos primeras líneas.

Como se ha podido leer, enriqueció lo copiado con dos observaciones propias in situ que rubricó para señalar su autoría: “sin embargo están así en la lápida” y “Los son” . Solo suprimió una frase final que aparece en estos comentarios de autor desconocido: “todo esto es si está claro el número del Consulado, porque si este varía será [palabra ilegible]”.

De nuevo, aunque no tuviéramos la prueba de que Clemente copió (que la tenemos), sería lógico suponer que lo hizo, ya que resulta increíble que un botánico que se hallaba de viaje tuviese en su memoria datos como que Cómodo obtuvo su quinto consulado en el año 186 o que en inscripciones del año 189 ya se lea que era cónsul por 6ª vez a pesar de que no obtuvo esta magistratura hasta el año 190.

Independientemente de estas consideraciones, ¿es posible saber quién fue el autor de las lecturas que las inscripciones que figuraban entre los papeles de Vegazo? No tenemos datos para establecer esa autoría. Se podría sugerir que se deben al propio Vegazo, pero me parece más razonable pensar que las haría alguno de tantos eruditos que subieron a ver las lápidas a partir del momento en que fueron encontradas (1794) y que este erudito le dejó una copia a Vegazo, copia que este pasaría a Clemente. Cabe señalar que las trascripciones de Clemente se parecen mucho a las que publicó Masdeu en 1800 recibidas de sus corresponsales Cid y Santaella, aunque las correcciones que Clemente parece tomarlas completamente del autor desconocido de las Observaciones mencionadas más arriba, no de las que el propio Masdeu hace en su libro (si bien en buena parte coinciden).

(En otro lugar me ocupo de las diversas lecturas que conocemos de las inscripciones y de las posibles relaciones entre ellas. Y en otro artículo presento las lecturas más antiguas que se conservan de las lápidas, las cuales no fueron las que vio Clemente, ya que contienen expresiones como PART NEPOTI o PR POTEST que no figuran así en la transcripción del botánico.)


rojas_ocur_21

La gracia del vid templa lo profundo de las impresiones sublimes

Dice Antonio Gil Albarracín en el estudio introductorio del libro de Clemente que el botánico, “a pesar de mostrar en numerosas ocasiones su interés por las antigüedades, en su visita a las ruinas de Ocurrís, en las inmediaciones de Ubrique, realiza la única descripción extensa de un yacimiento arqueológico que aparece en el viaje, con la anotación y descripción de lápidas y esculturas”. El hecho de que buena parte de esta descripción esté tomada del manuscrito de Vegazo y del informe de autor desconocido al que me he referido no desvirtúa la afirmación del profesor Gil Albarracín porque el texto de Clemente contiene también valiosas aportaciones personales.

Le interesó especialmente el monumento sepulcral que entonces se consideraba baño. De esta estructura dijo:

rojas_ocur_22El baño o pieza del baño es de primorosa arquitectura, aunque muy sencilla. Tiene frente a la puerta un nicho grande [Nota al pie: “Arranca un poco encima del andén que se citará.”] como para colocar un estatua y sobre este tres gradas bastante altas, en que acaso colocarían los diosecillos. A cada lado del nicho que digo para la estatua, a mayor altura que él, dos pequeños a que corresponden otros dos iguales, uno a cada lado de la puerta, en el lienzo de esta. En los lienzos colaterales ocupa el medio un nicho grande en que podían esconderse muy bien a desnudarse dos personas.
A cada lado de estos nichos grandes hay dos pequeños, uno sobre otro y el de arriba en arco, así como los grandes y el de la estatua, todo con rigurosa simetría. Una cornisa muy sencilla corre sobre los nichos y de ella arranca la bóveda. Por la base de los nichos
[Nota al pie: “Un poco más bajo que la base.”]
corre otra como cornisa o andén que serviría para andar alrededor del baño, el cual parece ocupaba toda la pieza.
Todo es de argamasa con sillares al exterior e interior que lo forran, menos la bóveda, en que no hay sillar ninguno
¡Pieza digna de conservarse!
La puerta está estropeada y parte de los nichos, un grande agujero penetra la bóveda por el fondo de la pieza; el baño está lleno de escombros.

Como a buen geólogo, le interesan todos los detalles relacionados con las piedras. Así, de la primera lapida que describe dice que está tallada “en arenisca que llaman piedra de amolar” y de la segunda que es de “piedra caliza común que llaman jabaluna, de mucho mejor letra que la otra”.

Me ha llamado la atención aquella afirmación de que los “capiteles de piedras” fueron traídos de Morón y Marchena. ¿Toma esta información del manuscrito de Vegazo? La versión de Fray Sebastián del mismo no da esos detalles. ¿Es, entonces, una aportación personal de Clemente?

También observa:

Las piedras de las ruinas de Benafís son la mayor parte calizo común de la misma Sierra, muchas de toba o, como aquí le llaman panalejo, común en el País, otras de arenisca, común también en el País. Solo hallo traído de lejos el hermoso mármol primitivo que no abunda mucho. De la toba hay muchas columnas, bases, capiteles, etc.

Le llaman tanto la atención unos ladrillos que incluso dibuja uno:

rojas_ocur_23Los ladrillos son de muchos tamaños y formas, entre ellos chicos, cuadrados y otros de esta forma:

Finalmente hace algunas consideraciones estético-espirituales en las que incluye, cómo no, a la vid, pues Clemente se convirtió en uno de los principales especialistas mundiales (si no el que más) en ampelografía (la rama de la botánica dedicada a la identificación y clasificación de las estas plantas) a raíz de la publicación de su libro Variedades de la vid común que vegetan en Andalucía en 1807.

Este libro fue consecuencia de haber conocido a tres agrónomos de prestigio como eran Esteban y Claudio Boutelou y Francisco Terán, director del Jardín Botánico de la Paz de Sanlúcar de Barrameda, q

Don Juan ha colocado los pedestales y columnas en la viña, donde hacen bellísimo efecto al entrar uno y verse rodeado de monumentos tan serios y antiguos hacia lo más alto de la hacienda, donde la vista descubre a lo lejos, al mismo tiempo, otros monumentos de la naturaleza que aún elevan más el ánimo.
La gracia del vid templa lo profundo de las impresiones sublimes y el espíritu siente una impresión singular y gratísima.

Como curiosidad, en otro lugar de la Historia Natural del Reino de Granada de Clemente, en la lista que da de “personas que se han de consultar o ver” menciona a “Don Bartolomé Calero, Boticario en Ubrique”. Me pregunto si no sería este el farmacéutico al que muchas décadas después aludió el cura y erudito grazalemeño Francisco Mateos-Gago, catedrático de la Universidad de Sevilla, en su Colección de Opúsculos (tomo 7), cuando escribió esto:

Todavía cuando yo copié las inscripciones contaba un anciano de Ubrique haber visto, cuando era niño, dos grandes cabezas de piedra muy blanca sobre los epígrafes y un Angelito con sus alas y una corona en la mano (una victoria romana) sobre la columna de en medio, y aun aseguraba que una de las cabezas había servido para hacer un mortero a un boticario del lugar.

Hay que tener en cuenta que aunque Juan Vegazo dijo en su informe que los bustos que encontró estaban acéfalos, la escritora gaditana Frasquita Larrea, que visitó las ruinas en 1824, cita el testimonio del guardián del convento de Capuchinos, quien le comentó que había visto la cabeza de la estatua femenina.


La calzada de Ubrique a Benaocaz

Al día siguiente (24 de agosto), Simón Clemente visitó Benaocaz yendo por la calzada que hoy llaman “romana” (sin ninguna prueba firme, que yo sepa). Así la describe:

Camino todo empedrado de caliza (*), no muy bien conservado, pendiente casi todo con igualdad, casi recto, que un hombre horro puede hacer en media hora y cualquier bestia cargada en una, bordeando los tajos casi todo, tajos que hacen resuene clara de lejos la voz humana, tierras de labor en su último 4°, que pagan bien cuando dan siete por uno y rara vez dan más de diez y hasta doce y quince, siendo sin embargo las mejores de Benaocaz.

(*) También lo es el que baja de Benaocaz a la de Cádiz, pero en éste han tirado a poner muchos de arenisca por resbalarse menos, aún trayéndola de alguna distancia.

Esta que “baja a Benaocaz a la de Cádiz” supongo que es la actual carretera de Benaocaz a Ubrique, que pasa por Santa Lucía, al pie del cerro sobre el que se asienta el yacimiento, pero por la otra cara.


Referencias

  • Clemente Rubio, Simón de Rojas [Gil Albarracín, Antonio (ed.)]: Viaje a Andalucía. “Historia Natural del reino de Granada” (1804-1809), Griselda Bonet Girabet, 2002.
  • Baena del Alcázar, Luis; Berlanga Palomo, María José: Las antigüedades romanas de Ocuri (Ubrique, Cádiz)según los documentos conservados en la Real Academia de la Historia, Mainake, XXVI/ (2004) 395-416.
  • Guerrero Misa, Luis Javier: “Juan Vegazo, descubridor de la ciudad romana de Ocuri y pionero de la arqueología de campo en Andalucía”, Papeles de Historia 5 (2006) 34-58.
  • Mateos Gago, Francisco: Opúsculos, t. VII (1887).
  • Rodríguez González, Andrés: “¿Quién descubrió el pinsapo, Boissier o Clemente Rubio?, La Serranía Natural, 5 de enero de 2008 (consultado el 19 de julio de 2015).
  • Rodríguez Nozal, Raúl: “Reseña de ‘Viaje a Andalucía. Historia Natural del reino de Granada (1804-1809)’ de Simón de Rojas Clemente Rubio [Antonio Gil Albarracín (ed.)], Anales del Jardín Botánico de Madrid 60:2 (2003) 471-472.
  • Sígler Silvera, Fernando: “Política y conflicto armado en la Guerra de la Independencia en Ubrique y Benaocaz”, en Estudios sobre la Guerra de la Independencia española en la Sierra de Cádiz, Junta de Andalucía (2012)
  • Wikipedia: Simón de Rojas Clemente Rubio (consultada el 19 de julio de 2015)
  • Wikipedia: Juan Pérez de Guzmán y Boza (consultada el 19 de julio de 2015)
  • Mercurio de España. 5/1794, página 128.
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