La otra “Comedia de Ubrique”

José María Gavira Vallejo »

Todo el mundo conoce en nuestro pueblo el dicho “Esto va a acabar peor que la comedia de Ubrique”. Y muchos foráneos también lo conocen y usan. He llegado a ver en un periódico de Gibraltar un artículo escrito en inglés que trataba sobre la política de la Roca y que no mencionaba en ningún momento a nuestro pueblo, excepto en el titular, escrito en perfecto castellano: “La Comedia de Ubrique”.

clip_image0014El dicho original es: “Acabó a capazos [o capotazos], como la comedia de Ubrique”, e interpretó su significado el polígrafo y erudito gaditano Adolfo de Castro (1823-1898) en una nota dentro de su obra Varias obras inéditas de Cervantes: sacadas de códices de la Biblioteca colombina, con nuevas ilustraciones sobre la vida del autor y el Quijote (Madrid, 1874, página 369).

El erudito cervantista Francisco Rodríguez Marín se hizo eco de la misma en una nota al pie de su edición crítica del Quijote de 1916 (1916-17, tomo V, página 65) pero obsérvese con qué cautas palabras empieza: “Si hemos de creer a don Adolfo de Castro, de un suceso parecido se originó la comparación popular andaluza ‘Acabó como la comedia de Ubrique’…”. Quizá lo dice porque Adolfo de Castro se ganó a pulso fama de farsante. Así describe la Wikipedia a este estudioso cervantino:

Adolfo de Castro y Rossi (Cádiz, 1823 – ibídem, 1898), polígrafo, erudito, cervantista y falsificador literario español.

Y es que De Castro, gran erudito cervantino, engañó a los especialistas de su época fingiendo que había encontrado en un mercadillo de Cádiz una obra inédita de Cervantes, El Buscapié, que llego a publicar firmando como editor cuando en realidad era su autor. ¿Cabe confiar en la interpretación del proverbio de la Comedia de Ubrique hecha por un personaje con tales credenciales?

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Por lo demás, en otros lugares también se ha descrito cómo el público de un espectáculo a veces reacciona como si los hechos ficticios fueran reales. Por ejemplo, en La tregua, del escritor judío Primo Levi, quien vivió terribles experiencias en los campos de concentración nazi, de los que salió por verdadero milagro. En el capítulo llamado Vacaciones narra un suceso parecido. Refiriéndose a una película que están proyectando a los habitantes de uno de los campos ya liberados para que se entretengan, cuenta Levi:

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La recepción por los autores ubriqueños

Posteriormente otros autores han recogido y ampliado la versión de Castro, destacando entre ellos Fray Sebastián de Ubrique (en su Historia de la Villa de Ubrique, 1945, página 297), el escritor y alcalde de Villaluenga Pedro Pérez Clotet (Obra literaria, 2º tomo, 2005, pág. 143) y nuestros paisanos Manuel Cabello Janeiro y Bartolomé Pérez Sánchez de Medina (en sus obras Ubrique, encrucijada histórica y El habla de Ubrique, respectivamente).

Manuel Cabello Janeiro cree que los actores se alojaron en la posada que había en la plaza del Ayuntamiento y que la obra se representó en la plaza de la Verdura. (En la fachada de una de sus casas se fijaron en 1992 unos azulejos con motivo de la reunión de 200 “Janeiros” congregados por D. Manuel y llegados de todo el mundo. En ellos figura la siguiente inscripción: “En esta casa se ubicó desde mediados del siglo XIX el Café de Janeiro, centro de encuentro y cultura popular donde se representó el drama “Reinar después de morir”, origen del conocido refrán “Acabó como la comedia de Ubrique“.

Bartolomé Pérez Sánchez de Medina está de acuerdo con esta localización y nos presenta la hipótesis de Adolfo de Castro sobre este dicho pero abundando en los aspectos literarios. Según él, representándose a mediados del siglo XIX en Ubrique el drama Reinar después de morir, de Luis Vélez de Guevara, cuando se llegó a cierto pasaje de la obra en que dos secuaces quieren matar a la heroína Dª Inés, el público, que olvidó que se trataba de una ficción –y esto habla muy en favor del buen desempeño del papel por parte de aquellos comediantes– se enardeció y, tomándose la justicia por su mano, quiso apalear a los “malandrines”, armándose entonces la de Dios es Cristo. El insólito hecho “traspuso las Cumbres”, popularizándose la expresión “va a acabar peor que la comedia de Ubrique” en círculos sociales, periodísticos y políticos de toda España, incluidas las Cortes.

En realidad, lo que sabemos de esto nos lo ha legado la opinión de Adolfo de Castro y la tradición oral. Pero prueba de que la interpretación no puede considerarse más que como hipótesis (aunque quizá muy plausible) es que distintos autores no coinciden en los pormenores de los supuestos hechos. Por ejemplo, Manuel Cabello y Bartolomé Pérez sitúan el escenario de la representación teatral en la plaza de la Verdura a principios o mediados del siglo XIX; pero Fray Sebastián cree que fue en la explanada del Convento en la primera mitad de dicho siglo. (La propuesta del capuchino no nos parece muy creíble porque es notorio que esta congregación había emprendido una “cruzada” contra el teatro, de la cual fue máximo adalid en el siglo XVIII precisamente nuestro paisano Diego José de Cádiz, que declaró la guerra al arte escénico, alcanzando su animadversión personal proporciones de fobia o manía persecutoria).


Otra interpretaciónde dicho: la del sainete lírico proverbial La comedia de Ubrique

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Pues bien, aquí vamos a presentar otra interpretación del dicho.

Hace algo más de medio año descubrí casi por azar la existencia de un sainete lírico en prosa llamado precisamente La Comedia de Ubrique, cuyo libreto escribió el malagueño Enrique Zumel (1822-1897) componiendo la partitura Ángel Ruiz y Tomás Calamita. Se representó por primera vez en el Teatro Romea de Madrid el 24 de octubre de 1890.

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Feria de Ubrique, 1932 {Foto: Wilhelm Giese: Sierra y campiña de Cádiz}

La obra es, hablando con propiedad literaria, un proverbio, es decir, su objeto es poner en acción un dicho, en este caso el que estamos comentando. De manera que se puede considerar que su argumento es una interpretación de lo que quiere decir la sentenciaacabó peor que la comedia de Ubrique”.

El asunto se desarrolla en el transcurso de una supuesta feria de Ubrique de un año indeterminado (evidentemente, anterior a 1890).

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El programa de fiestas incluye una representación teatral a cargo de un grupo de comediantes foráneos a los que el pueblo espera impacientemente.

Mientras tanto hace su agosto (o mejor, su septiembre) la simpática y temperamental Conchilla vendiendo los buñuelos que elabora y que pregona alegremente. Entre los que han acudido a la feria se encuentra Pascual, un señorito de Alcalá de los Gazules (¡ja!) que en Sevilla había tenido amoríos con la buñolera algún tiempo antes. Pero el donjuán la había burlado y esta había jurado venganza. Cuando se encuentran inopinadamente en la feria, Pascual no sabe dónde meterse, aunque sale airoso del lance inventándose una solemne trola con la que consigue capear el temporal que veía venírsele encima. Sin embargo, de nada le vale porque Francisco, otro alcalaíno pero de mucha más catadura moral, le revela a Conchilla la verdad.

Pascual ha venido a presenciar la representación teatral que se va a desarrollar en Ubrique con la aviesa intención de reventarle la actuación a una de las cómicas, ya que se siente despechado al no haber podido alcanzar los favores de la bella. Al conocer Conchilla los malévolas planes de su ex-amante, se propone organizar una claque de buñoleros que contrarresten con sus aplausos los silbidos de Pascual y de otros a los que este ha contratado. Los ánimos se van caldeando y al final todo acaba… ¡como la comedia de Ubrique!

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Otros personajes dan aún más sal al sainete, en particular el alcalde, un sujeto de carácter irascible, despótico y un tanto “borrico”. Por otro lado, en la obra sale a relucir la incipiente lucha de clases que se desarrollaba en la época, representando doña Ildegundis y don Celedonio –este, venido de Grazalema– a la nobleza rural. También se refleja la situación política, marcada por la alternancia en el poder de liberales y conservadores (aunque el alcalde parece darse las trazas para gobernar con unos y otros, siendo casi “perpetuo”).

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Cuando conocí la existencia de esta obra me propuse comentarla aquí, pero esperé a disponer del libreto y la partitura. Hace un mes tuve la alegría de saber que un paisano nuestro, gran amante de la literatura y los libros, Miguel Bohórquez González, acababa de encontrar el libreto en una librería de viejo. (Y con un valor añadido: la firma (al parecer) del autor).

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He transcrito este libreto, que puede leerse aquí.

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{Feria de Ubrique, 1932 {Foto: Wilhelm Giese: Sierra y campiña de Cádiz}

Se puede plantear la cuestión de si esta que presenta Zumel es la “verdadera” interpretación del dicho sobre la comedia de Ubrique o es la de Castro… o no lo es ninguna de las dos. (Por cierto, el malagueño Zumel nació en 1822 y murió en 1897; el gaditano De Castro en 1823 y 1898; es decir, ambos son plenamente coetáneos).


Artículo relacionado:

La explicación más antigua (1853) y verosímil del dicho sobre “La Comedia de Ubrique”: una agresión de “forasteros” a ubriqueños (21/3/2013)


Referencias

  • Enrique Zumel, Ángel Ruiz y Tomás Calamita: La Comedia de Ubrique (sainete lírico).
  • Manuel Cabello Janeiro: Ubrique, encrucijada histórica, 1987.
  • Wilhelm Giese: Sierra y campiña de Cádiz, Universidad de Cádiz, 1996.
  • Pedro Pérez Clotet: Obra Literaria, tomo 2, Centro Cultural Generación del 27, 2005.
  • Bartolomé Pérez Sánchez de Medina: El habla de Ubrique, Editorial Tréveris / Ayuntamiento de Ubrique, 2007.
  • Fray Sebastián de Ubrique, Historia de la Villa de Ubrique, 1945.
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4 comentarios sobre “La otra “Comedia de Ubrique”

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  1. Hace unos dias decias que a Ubrique le habian quitado su historia.Gracias a tí y a otros muchos(papeles de historia,museo de la piel,etc…)la estamos recuperando.
    Tenemos que tener cuidado el dia que se represente en la plaza de la verdura con la SGAE que seguro quieren cobrar,como a los de Fueteobejuna.

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  2. ¡Ah, claro que querrán sacar tajada! Pero no lo entiendo, porque estos derechos están más que prescritos.

    Por otra parte, cada vez que pienso en una recreación histórica de este obra me entusiasmo más. Fíjate que daría mucho juego. Hay una parte del sainete en el que los actores están viendo una representación escénica. Pues bien, en esa parte esos actores estarían sentados con el público real y este participaría en la parte final de la acción teatral atizándose todo el mundo con “armas blandas” (digamos los cojines de las sillas del “patio de butacas”, sillas que según la obra el público ha de llevar). Cuando leas el sainete verás cómo se pueden gacer cosas divertidas. Podría ser durante la feria, como en el sainete.

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  3. Vamos a intentar recoger el testigo, por lo pronto haremos que nuestros alumnos conozcan la obra y, más tarde, lo mismo nos animamos y damos una sorpresa.
    Gracias por recuperar estas joyas para todos nosotros.
    Esperanza

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