Unas pinturas rupestres, probablemente del Calcolítico, cerca de Ubrique

PEPE ARROYO / JOSE Mª GAVIRA
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Uno de los motivos de antropomorfos ancoriformes pintados probablemente en el Calcolítico en un lugar de las proximidades de Ubrique
Uno de nosotros (Pepe Arroyo) encontró en un lugar no lejos de Ubrique lo que fue sin lugar a dudas un abrigo prehistórico, a juzgar por las pinturas rojas de antropomorfos que adornan una pared caliza.

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Leopoldo de Ubrique, el obispo Panal, “un anciano hecho del barro de los mártires”

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO
Un día un amigo me recomendó La Fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa. Me contó de qué iba el libro y, la verdad, no me sedujo en aquel momento sumergirme en la vida de un repugnante dictador dominicano del siglo pasado (Trujillo). Pero me convencieron estas palabras: “si lo empiezas, no lo podrás dejar”. Y así fue. Vargas Llosa siempre lo consigue.

Ya plenamente prendido en la trama, los acontecimientos narrados cobraron un interés adicional cuando, pasado el ecuador de la obra (capítulo XIV), saltó a mis ojos el nombre de Ubrique. Concretamente, se encuentra en el párrafo que copio:

El editorial de Radio Caribe, reproducido por La Nación, aseguraba que monseñor Panal, el obispo de La Vega, «antiguamente conocido por el nombre de Leopoldo de Ubrique», era fugitivo de España y fichado por la Interpol. Lo acusaba de llenar «de beatas la casa curial de La Vega antes de dedicarse a sus imaginaciones terroristas», y, ahora, «como teme una justa represalia popular se esconde detrás de beatas y mujeres patológicas con las que, por lo visto, tiene un desaforado comercio sexual».

El obispo Panal, de Ubrique - loscallejones5uEn cuanto a monseñor Francisco Panal Ramírez, no es ese el primer pasaje en que se hace referencia a este hijo de Ubrique nacido en 1893 y muerto en Santo Domingo en 1970, que fue el primer obispo de la nueva diócesis dominicana de La Vega, entre 1954 y 1965. Desde el capítulo II se van relatando algunos hechos de este singular personaje que, con el norteamericano Tomás Reilly, recibió la siguiente descalificación –una de tantas– por parte de la emisora trujillista La Voz Dominicana:

(…) no nacieron bajo nuestro sol ni sufrieron bajo nuestra luna (…) y se inmiscuyen en nuestra vida civil y política, pisando los terrenos de lo penal.

Y es que el obispo Panal, “el españolete”, el “hijo de puta” (como lo califica el personaje de Trujillo en la novela), le estaba haciendo la vida imposible al Chivo recriminándole cada vez que podía su tiranía y su libertinaje; primero discretamente, después abiertamente, en un proceso de agravamiento de la animadversión que desembocó en guerra declarada el domingo 25 de enero de 1960. Ese día, Panal y los otros cuatro obispos dominicanos leyeron en el púlpito una carta pastoral “que estremeció la República” y “enloqueció de furor a la Bestia”.
Los prelados denunciaban la tiranía, pedían oraciones por los presos políticos que abarrotaban las cárceles y los centros de tortura del país, se acordaban de los “«millones de seres humanos que continúan viviendo bajo la opresión y la tiranía», para los que no hay «nada seguro: ni el hogar, ni los bienes, ni la libertad, ni el honor»”; defendían “[el derecho] a formar una familia, el derecho al trabajo, al comercio, a la inmigración, a la buena fama y a no ser calumniado «bajo fútiles pretextos o denuncias anónimas (…) por bajos y rastreros motivos»”. La pastoral reafirmaba que “todo hombre tiene derecho a la libertad de conciencia, de prensa, de libre asociación…” y elevaba preces para que “«en estos momentos de congoja y de incertidumbres (…) hubiera «concordia y paz» y se establecieran en el país «los sagrados derechos de convivencia humana»”.
rafael trujillo republica dominicana - loscallejones5u
El Generalísimo tenía bien aprendida en la carne ajena de Juan Domingo Perón (Argentina), Marcos Pérez Jiménez (Venezuela), y Gustavo Rojas Pinilla (Colombia) el daño que podían hacer las aparentemente inocuas pastorales de la Iglesia. De hecho, Perón se lo advirtió al Chivo al partir de Ciudad Trujillo, rumbo a España: “Cuídese de los curas, Generalísimo. No fue la rosca oligárquica ni los militares quienes me tumbaron; fueron las sotanas. Pacte o acabe con ellas de una vez”. Pero el Padre de la Patria Nueva dominicana optó por iniciar una campaña de propaganda contra los obispos, sobre todo contra los dos extranjeros, Francisco Panal y Tomás Reilly. Estos, “desde ese negro 25 de enero de 1960 (…) no habían dejado un solo día de joder. Cartas, memoriales, misas, novenas, sermones”.

El tirano barajó varios planes criminales para acabar con el problema:

 

Uno, usando como escudo a los paleros, matones armados de garrotes y chavetas de Balá, ex presidiario a su servicio, los caliés irrumpirían a la vez, como grupos recalcitrantes desprendidos de una gran manifestación de protesta contra los obispos terroristas, en el obispado de La Vega y en el Colegio Santo Domingo, y rematarían a los prelados antes de que las fuerzas del orden los rescataran. Esta fórmula era arriesgada; podía provocar la invasión. Tenía la ventaja de que la muerte de los dos obispos paralizaría al resto del clero por buen tiempo. En el otro plan, los guardias rescataban a Panal y Reilly antes de ser linchados por el populacho y el gobierno los expulsaba a España y Estados Unidos, argumentando que era la única manera de garantizar su seguridad.

Pero sopesó los pros y los contras y decidió “[seguir con] la guerra de nervios. Que no duerman ni coman tranquilos. A ver si ellos mismos deciden irse”. No sabía que se estaba enfrentando con una personalidad de carácter tan tenaz como el suyo propio. Trujillo lo intentó todo para callarlo. Incluso organizó “una sacrílega pantomima contra monseñor Panal, en la iglesia de La Vega, donde el obispo decía la misa de doce”:

 

En la nave atestada de parroquianos, cuando monseñor Panal leía el evangelio del día, irrumpió una pandilla de barraganas maquilladas y semidesnudas, y ante el estupor de los fieles, acercándose al púlpito insultaron y recriminaron al anciano obispo, acusándolo de haberles hecho hijos y ser un pervertido. Una de ellas, apoderándose del micrófono, aulló: «Reconoce a las criaturas que nos hiciste parir y no las mates de hambre». Cuando, algunos asistentes, reaccionando, intentaron sacar a las putas fuera de la iglesia y proteger al obispo que miraba aquello incrédulo, irrumpieron los caliés, una veintena de forajidos armados de garrotes y cadenas, que arremetieron sin misericordia contra los parroquianos. ¡Pobres obispos! Les pintarrajearon las casas con los insultos. A monseñor Reilly, en San Juan de la Maguana, le dinamitaron la camioneta con la que se desplazaba por la diócesis, y le bombardearon la casa con animales muertos, aguas servidas, ratas vivas, cada noche, hasta obligarlo a refugiarse en Ciudad Trujillo, en el Colegio Santo Domingo. El indestructible monseñor Panal seguía resistiendo en La Vega, las amenazas, las infamias, los insultos. Un anciano hecho del barro de los mártires.

costaverdedr.com
Todo esto removió la conciencia de Salvador Estrella Sadhalá, un católico ferviente, de comunión diaria, que se confesaba a un cura así:

 

Voy a matar a Trujillo, padre. Quiero saber si me condenaré (…). Ya no puede ser. Lo que están haciendo con los obispos, con las iglesias, esa asquerosa campaña en la televisión, en radios y periódicos. Hay que ponerle fin, cortando la cabeza de la hidra. ¿Me condenaré?


 

manuel cabello janeiro - loscallejones5u
Casi cuarenta años después de su muerte, el obispo Panal sigue ocupando un lugar en la memoria y el corazón de muchos fieles dominicanos entre los que goza de fama de santo. Tanta, que no hace mucho el actual obispo de la diócesis de La Vega, Antonio Camilo González, hizo una discreta visita a Ubrique que tenía algo de devota peregrinación. Monseñor Camilo quería conocer en persona el lugar donde vio la luz una figura tan admirada en su país. Le sirvió de sin par cicerone nuestro recordado Manuel Cabello Janeiro, en cuya proverbial inquietud de historiador de todo lo nuestro quedó sembrada una semilla de interés que acabó transformándose en entusiasmo incondicional hacia tan ilustre paisano. Don Manuel viajó a la República Dominicana siguiendo el rastro del olor a santidad y narró sus experiencias en su obra Obispo Panal, un hombre comprometido.
En este libro, que como el de Vargas Llosa no se deja cerrar hasta que se concluye, Cabello nos cuenta algunos detalles históricos y nuevas sabrosas anécdotas de la vida de aquel ubriqueño diamantino que nació el 20 de septiembre de 1893, hijo de Manuel y María, en la casa familiar de la calle de la Palma. Desde muy pequeño frecuentaba con sus hermanos mayores el convento de Capuchinos, donde, al parecer, quedaba hechizado ante la celda que había ocupado el beato Diego José de Cádiz. Tanto, que se despertó en él la vocación de “catequizar herejes”, y para disponerse a ello ingresó con doce años en la Escuela Seráfica de Antequera, en 1905, pasando en 1909 al colegio que la Orden tiene en Granada.

En 1914, con el nombre de Fray Leopoldo María de Ubrique (un homenaje a Fray Leopoldo de Alpandeire), llegó a la República Dominicana para no retornar jamás a España. Allí llevaba 16 años cuando Rafael Leónidas Trujillo Molina, tras un golpe de Estado, llegó al poder, en el que se mantuvo hasta 1961 siempre bajo un velo de mendaz constitucionalidad. Durante 31 años tuvo tiempo sobrado para hacerse dueño de medio país, robarle a sus compatriotas unos 100 millones de dólares y convencerse a sí mismo de que era una especie de semidiós con patente incluso para nombrar a su hijo Ramfis coronel a los 7 años y general a los 10 (según narra Vargas Llosa). La cantidad y “calidad” de las tropelías del Generalísimo Trujillo difícilmente las podrá supera ningún dictador contemporáneo.

catedral de la vega republica dominicana loscallejones5u
Cuenta Manuel Cabello que un día Trujillo asistía a la misa que oficiaba Panal en su catedral. Se habían dispuesto dos reclinatorios en el altar, uno para el obispo y otro para el jefe del Estado; este iba a dirigir su propia “homilía”, que iba a ser retransmitida a toda la nación por su expreso deseo. El tiro le salió por la culata. Al parecer, cuando el prelado pidió que todos se hincaran de rodillas, el Generalísimo se resistió a acatar tamaña afrenta a su dignidad de morador del Olimpo. Pero tampoco Panal estuvo dispuesto a consentir tal insumisión, por lo que recalcó en voz alta e imperiosamente: “¡Todos, todos!”. Y el Generalísimo bajó la testuz y se puso de hinojos… El príncipe de la iglesia le soltó un sermón de padre y muy señor mío sobre las iniquidades que se estaban cometiendo en el país, preguntándole al dictador si no estaba enterado de ellas. Trujillo acabó levantándose y salió de la catedral como alma que lleva el diablo –nunca mejor dicho– con la idea fija de que aquel cura se las iba a pagar caras.

Gerardo Diego, raterillo en Ubrique

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

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En los primeros días de mayo de 1959, Gerardo Diego asistió a unas fructíferas VI Jornadas Literarias que se celebraron en Cádiz. (César González-Ruano dejó escrito cómo transcurrieron.) El poeta santanderino aprovechó para visitar algunos pueblos de la provincia acompañado de numerosos colegas. También estuvo en Ubrique.

La favorable impresión que recibió de nuestro pueblo la reflejó en una de las canciones de su libro El Jándalo (Sevilla y Cádiz), que escribió ese mismo año y que le granjeó el premio de poesía Ciudad de Sevilla de 1959. (El libro fue publicado en 1964 en la colección Palabra y Tiempo de la editorial Taurus).

El poema, que aparece dentro del apartado Cancionero Gaditano, es este:

UBRIQUE

Oyendo el agua del río
en Ubrique.

Oliendo la flor del huerto
en Ubrique.

Mirando la niña guapa
en Ubrique.

Sintiéndome raterillo
en Ubrique.

Bebiendo, oliendo, mirando,
acariciando, cosiendo
en Ubrique.

Se nota que el nombre de Ubrique resultó eufónico al poeta y que la estancia en el pueblo despertó todos sus sentidos…

Dedica también unas canciones a Arcos, El Gastor, Villaluenga y Setenil y una muy breve a Ronda (con permiso de Málaga)”.

Quince años más tarde explicó, sobre aquel viaje a Sevilla, Cádiz y su provincia:

Con estas nuevas impresiones se me ocurrieron varias canciones, algunas escritas o cantilleadas por mí durante el viaje o pocos días después; otras, algún tiempo más tarde, para completar con recuerdos siempre frescos las gratísimas vistas y sorpresas jornadilleras.

(se refiere a las mencionadas Jornadas Literarias gaditanas de 1959.)

Y agrega:

En la mejor compañía imaginable de poetas, artistas, novelistas y periodistas recorrí no pocos pueblos, preciosísimos todos y muchos nuevos para mí: paisajes impresionantes de mar, valle y montaña.

(Gerardo Diego dedica también una canción del Cancionero Gaditano a los hermanos José y Jesús de las Cuevas y a los hermanos Murciano, todos ellos arcenses.)

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Años más tarde, Gerardo Diego leyó a Rafael Alberti su libro El Jándalo en la casa bonaerense del poeta gaditano, también perteneciente, como el santanderino, a la Generación del 27.

En Cantabria, un jándalo es la persona que ha emigrado a Andalucía (Jandalusía) y regresa a su tierra. (Una de las Escenas montañesas de José María de Pereda también se titula El Jándalo.) Gerardo Diego visitó Cádiz y Sevilla muchas veces. Estas ciudades ejercían una atracción sobre él, quizá la misma que habían sentido tantos antepasados suyos que se habían asentado en estas tierras. Al principio de El Jándalo (libro que dedica a Joaquín Romero Murube y a José María Pemán) Gerardo Diego recoge esta frase de Fernando Villalón: “El mundo se divide en dos partes: Sevilla y Cádiz”.

(Fuentes: José Carlos García Rodríguez: El Puerto en “El Jándalo” de Gerardo Diego, Hotel Monasterio San Miguel – Año XI – nº 14, enero de 2001 /// Fundación Gerardo Diego.)

JMG

P. S. (20 sept): Me cuenta José Luis Mancilla que Gerardo Diego era muy amigo de Pedro de Matheu, hasta el punto de que este le ilustró a aquel un libro de poemas dedicado a Soria en 1948. Así pues, casi con toda seguridad, Ubrique estaría en sus conversaciones.

1766/1777: la relación entre un cura anticuario rondeño, un viajero inglés y unas “grandiosas ruinas de población romana junto a Ubrique”

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

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En septiembre de 1772, un inglés amante de los viajes, la historia y las “antigüedades” llamado Francis Carter hizo un viaje por la serranía de Ronda que años más tarde repitió. Estas excursiones despertaron su amor por Andalucía, donde residió durante 20 años cosechando un buen número de amigos eruditos y un auténtico tesoro de piezas arqueológicas. Algunas de sus experiencias las contó en el libro “Viaje de Gibraltar a Málaga”, destacando en él la faceta que más le interesaba: la búsqueda de restos de antiguas civilizaciones, especialmente la romana.

image “Vista de Marbella”, grabado del libro de Francis Carter “Viaje de Gibraltar a Málaga”.

En este libro, publicado originalmente en inglés en 1777 y traducido al español en 1985, nos ha llamado la atención el siguiente párrafo, del capítulo III del libro II:

En la Sierra de Villaluenga, cerca de Ubrique, pueden encontrarse unas grandiosas ruinas de una ciudad romana, aunque Don Juan María de Ribera, que las inspeccionó, no tuvo éxito en sus esfuerzos por descubrir alguna lápida o inscripción que permita averiguar su nombre.

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¿A qué ruinas romanas se refiere? Para saberlo, lo mejor es enterarse de quién era el tal Ribera y seguirle la pista. Juan María de Rivera Valenzuela Pizarro Eslava y Chavero –hoy su primer apellido se escribe con v– fue un presbítero rondeño (comisario del Santo Oficio de la Inquisición y fiscal general de la vicaría de Ronda, para más señas) cuya mayor afición eran las “antigüedades”, al punto de ser propietario de una de las mejores colecciones de restos históricos de la ciudad del Tajo y alrededores, sobre todo monedas y medallas romanas, especialmente de la Bética. Incluso se desplazó a otras poblaciones para buscar ejemplares con que aumentar su colección. Solo en Acinipo (Ronda la Vieja) había encontrado 40 monedas romanas y hasta doce cuños o matrices, puntas de saeta, sortijas de oro, talismanes, diaspros (jaspe) y camafeos de cornerina y otros tipos de ágata, según él mismo cuenta en su libro Diálogos de memorias eruditas para la historia de la nobilísima ciudad de Ronda, publicado en 1766 y reeditado por Marion Reder Gadow en facsímil (Málaga, Fundación Unicaja, 2002).

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En su viaje, Francis Carter recaló en Ronda, donde conoció la obra de Juan María de Rivera (y quizá también personalmente al autor), al que define como “un cura erudito”. De que efectivamente Rivera era un ilustrado dan fe sus afiliaciones a diversas academias, como la Real de Buenas Letras de Barcelona, la Real Sociedad de Baeza y la Real Academia de la Historia (desde julio de 1782). Probablemente ganó su puesto de académico correspondiente de esta última institución como premio al “corto obsequio” que en enero de ese mismo año hizo al Gabinete Numario de la Academia: un magnífico conjunto de monedas romanas de la “serie de municipios y colonias” junto con dos ejemplares (uno para el director y otro para la biblioteca) de sus Diálogos de memorias (Fátima Martín Escudero et al.: Archivo del Gabinete Numario. Catálogo e índices, Real Academia de la Historia, 2004).

En esta obra, concretamente en la Memoria IV del volumen I (página 101), encontramos un párrafo que nos resuelve la duda sobre las ruinas a las que se refería el inglés:

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Evidentemente, está hablando de Iptuci, en la Cabeza de Hortales, frente a Prado del Rey. (Téngase en cuenta que las ruinas de Ocur (Salto de la Mora) no fueron descubiertas oficialmente, que se sepa, hasta la última década del siglo XVIII. Por otro lado, una lápida que contiene el nombre de Iptuci se descubrió en el siglo XIX.)

En su libro, describiendo a Ronda y a los pueblos que la circundan, Rivera se refiere varias veces a Ubrique, y en una de ellas señala una curiosa particularidad de nuestro pueblo que desconocíamos:

En lo de Ubrique y las Nieves hay minas de plomo.

Finalmente, copiamos esta frase del Diálogo de memorias que refleja muy bien la fiebre de búsqueda de ruinas y tesoros que se vivió en aquella época tras los descubrimientos de Herculano (1738) y Pompeya (1748), ciudades que contribuyó activamente a desenterrar el rey español Carlos III:

Supongo que es raro el año que á los tiempos de sementera, siega y escarda no se hallen mil cosas primorosas en términos tales, que ha habido quien piensa en arrendar dichas tierras solo con el fin de desenvolverlas, y creo que en esto se haria gran negocio.

Tres décadas más tarde nuestro paisano Juan Vegazo sacaba a la luz las ruinas prerromanas y romanas de Ocur.

Cómo se llegaba a Ubrique desde Medina Sidonia hace 250 años

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

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Silla de postas (1789) (de la colección de carruajes de ayacata7 en Flickr)

En Diario de Cádiz se puede leer el interesante artículo Sobre los caminos y postas, de Hilda Martín, que nos cuenta cómo se comunicaban nuestros pueblos hace 250 años. De Ubrique leemos:

Si el viajero se dirigía a Ubrique [desde Medina], de nuevo solo a caballo o a pie eran transitables los senderos. Desde Medina se pasaba por la fuente Chica y del Salado y dejando a un lado el camino hacía Paterna se adentraba el camino en el cortijo de los Chorreaderos y de los Torreones, por la torre árabe ya destruida en 1800. Cruzando el arroyo del Amarguillo y el alcornocal de Juan de Herrera se encaminaban los pasos hasta la venta del Valle en la garganta del mismo nombre. A dos leguas cerca de los cerros de las Dos Hermanas, desde la ermita del Mimbral, el camino se hacía peligroso. Se vadeaba el Majaceite, el puente de Zarzalón y la venta de la Albufera. Pasando los vados del río Ubrique a menos ya de una legua por un camino impracticable se encontraba Ubrique.

Más información al respecto se puede encontrar en el libro Itinerario de las carreras de posta de dentro y fuera del Reyno, de Pedro Rodríguez Campomanes (1756).

La Virgen del escultor ubriqueño José Fernández Guerrero que se conserva en Fuentes de Andalucía

JOSE MARÍA GAVIRA (texto) / ÁNGEL PABLO (fotos)

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En el bonito pueblo sevillano de Fuentes de Andalucía (7.400 habitantes), próximo a Écija, en un día de finales de agosto a las cinco y media de la tarde uno puede experimentar qué es la soledad y el silencio. Y si durante hora y media vaga por el pueblo esperando que el sacristán se digne levantarse de su siesta, corre el riesgo de derretirse mientras contempla admirado algunas de las bellísimas fachadas barrocas con balcones historiados que adornan las calles de esta noble población.

Pero pasadas las siete de la tarde la vida vuelve, quizá animada por la tímida brisita que trae del llano una ligera esperanza de poder conciliar el sueño esa noche. Y entonces, por fin, vemos doblar la esquina a nuestro sacristán y dirigirse a nosotros parsimoniosa e inquisidoramente, preguntándose tal vez qué querrán esos “señores de Ubrique” que llevan hora y media buscándolo por todo el pueblo, según le han advertido.

Pues lo que queremos, simplemente, es ver una imagen de la Virgen de los Dolores que, según nos consta, talló en 1806 el escultor José Fernández Guerrero, el cual, no por haberse esfumado completamente de la memoria colectiva ubriqueña, deja de ser paisano nuestro. Porque, en efecto, este insigne imaginero vio su primera luz en Ubrique, concretamente el 12 de marzo de 1748.

El sacristán en principio no tiene ni idea de sobre qué le estamos hablando. ¿Qué Virgen de los Dolores es esa? Tenemos que tener en cuenta –nos explica– que la mayoría de las imágenes que se encontraban en la iglesia parroquial de Santa María la Blanca fueron trasladadas hace cinco años al próximo convento de San José… aunque es cierto que algunas quedaron en la sacristía… Estooooo… ¿Le podríamos describir a esa Virgen?

Afortunadamente, llevábamos impresa la entrada que en este blog habíamos escrito hace algunos meses sobre José Fernández Guerrero. Pues bien, bastó mostrarle las imágenes de estas otras vírgenes que se atribuyen a nuestro paisano:

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para que el sacristán, tras un breve rascado de cogote, nos dirigiera una pícara mirada de inteligencia y exclamara: “¡ya sé cuál es!”, mientras se señalaba su propia nariz y agregaba: “por esto; es la chata”.

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Nos invitó a entrar en la iglesia por un sencillo claustro lateral. Ya dentro del templo casi se nos caen los palos del sombrajo del mismo modo que se le caerán a este edificio si no se ocupan pronto de él. Somos poco religiosos –hemos de confesarlo–, pero apreciamos el arte, y el estado de abandono en que se halla esta joya de la arquitectura andaluza (que la Junta prometió reparar hace 5 años) da penita…

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Completamente vacía de sus imágenes y otros elementos de culto, el artesonado del techo se está arruinando, como lo muestra el serrín de carcoma que alfombra el suelo, tachonado aquí y allá por los excrementos de las lechuzas que anidan dentro, las cuales, eso sí, mantienen el local libre de roedores.

Entrando en la sacristía nos encontramos este pintoresco cuadro que no quisiera yo ver a la luz crepuscular (incidentalmente, la iluminación era escasa, pero Ángel Pablo sabe hacer milagros fotográficos hasta de noche):

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Así que teníamos delante (según nos explicó el sacristán) a una Virgen de los Remedios “maculada” y que parece obra de El Greco (a juzgar por una horrorosa matadura que tiene en su excesivamente alargada frente), un San Blas manco y otros sacros ejemplares de diverso tamaño y pelaje, todos ellos sobrevestidos de una reverencial pátina de polvo…

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Y entre ellos, nos atrajo magnéticamente la joya que íbamos buscando, la que ansiábamos contemplar desde hacía meses: la Virgen de los Dolores de nuestro paisano José Fernández Guerrero. La pobre tiene un pincho cruelmente clavado en la cabeza, pero al parecer la Iglesia consiente ese atentado porque tiene el loable objetivo de permitir que se sostenga la corona de metal precioso y rica pedrería que le encasquetan a la madre del hijo del carpintero, no sea que se le caiga y se le pierda algún rubí. (Siempre me sorprendió la diferencia de trato que da la Iglesia a las imágenes dentro y fuera del templo. Durante las procesiones, las presenta como iconos bendecidos ante los que conviene hasta arrodillarse para pedirles, por ejemplo, la curación de alguna enfermedad; pero, una vez en la sacristía, son vistas poco más que como cachos de madera tallada a las que les amputan brazos, les clavan rejones en la testa, las visten y desvisten si santiguarse antes… ¡Donde hay confianza…!)

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Pero Ángel Pablo, gracias a su pericia con el Photoshop, ha eliminado piadosamente la ignominiosa púa:

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Observen las manos unidas como mostrando compunción y congoja, rasgo que al parecer era del gusto de los imagineros adscritos a algunas escuelas de la época (más tarde cambió la moda e incluso amputaban los antebrazos para rehacerlos separados, que las manitas no podía tocárselas ni uno mismo).

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Así que tenemos en la sacristía de una iglesia hoy día abandonada de Fuentes de Andalucía a una Virgen en busca de devotos (como aquellos seis personajes de Pirandello que buscaban autor) o, si se prefiere, una obra maestra de un paisano que ni siquiera conocemos pero que goza de cierto renombre en la historia del arte español. Un ubriqueño que llegó a ser académico supernumerario de la Real de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, profesor en la Escuela de Plateros de Cádiz y teniente-director de escultura de la Escuela de Bellas Artes de la misma ciudad.

Un ubriqueño que además de esta Virgen de los Dolores de la iglesia parroquial de Fuentes de Andalucía dejó otras muchas obras, como las imágenes de San Miguel Arcángel y el Santo Ángel de la Guarda del ático del retablo mayor de la iglesia gaditana de San Juan de Dios; la Virgen del Mayor Dolor de la sacristía de la capilla dedicada al beato Diego José en Cádiz; la Virgen de las Angustias, titular de la archicofradía gaditana del Ecce-Homo; una imagen de la Divina Pastora que actualmente se venera en la iglesia de los Padres Capuchinos de Sevilla; las estatuas de Balbo El Menor y de Columela que se conservan en el despacho oval del Ayuntamiento de Cádiz; unos relieves en yeso sobre el tema de Hércules en la sala de juntas de la Academia de Bellas Artes gaditana; el dorado del camarín rococó de la Virgen del Carmen del convento carmelita de Cádiz; un crucificado que se encuentra en Cuba; y otras obras que han desaparecido, como distintas imágenes y columnas para el retablo mayor del convento sevillano de San Agustín (1819-1822). En realidad, esculpió bastantes más, pero parece ser que no las firmaba.

Un ubriqueño que fue sobrino-nieto de otro artista ilustre también paisano (Gonzalo Fernández de Pomar (1711-1794)) y padre del pintor Joaquín Manuel Fernández Cruzado. Un ubriqueño con descendientes ilustres como José Fernández Cruzado (hijo también, cirujano militar que fue uno de los más destacados médicos de Cuba en el siglo XIX); Ricardo Fernández Gutiérrez de Celis (glorioso almirante); Mercedes Fernández de Celis y Ariosa (filántropa y benefactora); Miguel Fernández Gutiérrez de Celis (banquero cubano); y José Fernández Gutiérrez de Celis (primer médico que aplicó la anestesia en Santiago de Cuba).

Un ubriqueño que tiene calle en Ubrique, pero con nombre erróneo: “Pintor José Fernández Guerrero”.

image Retablo de la Virgen de los Dolores de Fernández Guerrero, en la iglesia parroquial de Fuentes de Andalucía. Se describe más abajo, en un anexo.

Uno no entiende de estas cosas, pero se pregunta, quizá ingenuamente: ahora que estamos tan preocupados de ofrecer atractivos turísticos, ¿no se podría hacer algo para traer a Ubrique esta imagen (siquiera en préstamo, mientras restauran la iglesia de Fuentes de Andalucía, lo que va para largo), y de ese modo disfrutar al menos de una muestra de la obra de un escultor que nació en Ubrique y del que es nuestra obligación rescatar su memoria? (El Ayuntamiento de Ubrique no creo que lo tenga muy difícil: por si tiene reparos en pedir algo al PSOE, ¡resulta que en Fuentes gobierna Izquierda Unida!)

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Notas: Estamos tratando de lograr más fotos de más obras de nuestro paisano (arriba están citadas). Si alguien las consiguiera y fuese tan generoso/a de enviarnos copias para publicarlas en este blog o bien lo hiciera en algún otro medio de Ubrique, creo que haría mucho por la cultura de nuestro pueblo.

Queríamos hacer constar también que Ángel Pablo y yo gozamos en nuestra visita a Fuentes de Andalucía del inestimable acompañamiento de nuestro amigo Pedro Bohórquez y de mi hijo Miguel (9 años), que disfrutaron a tope de este proyecto-aventura, como nosotros.

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(Anexo). La iglesia de Santa María la Blanca fue declarada “Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento” en septiembre de 2003, según puede comprobarse en este decreto publicado en el BOE. En dicho documento se hace una descripción prolija del retablo donde se encontraba la Virgen de los Dolores de Fernández Guerrero:

Denominación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Materia: Madera, pan de oro y pigmentos. Técnica: tallado, ensamblado, dorado y policromía.
Dimensiones: 6,48 × 3,65 m. Autores: Joaquín Cabral Bejarano.
Juan Agustín Ceán Bermúdez. José Fernández Guerrero. Miguel María Palomino.
Cronología: 1800-1850. Ubicación: Cabecera de la segunda nave de la epístola.
Elementos integrantes del Retablo de la Virgen de los Dolores:
11.1 Denominación: San Felipe Benicio. Materia: Lienzo, pigmentos y aceite. Técnica: Pintura al óleo. Dimensiones: 1,06 × 0,37 m. Autor: Joaquín Cabral Bejarano. Cronología: 1800-1850. Ubicación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Calle lateral izquierda del tercer cuerpo.
11.2 Denominación: Ecce Homo. Materia: Madera y pigmentos. Técnica: Tallado y policromía. Dimensiones: 0,39 × 0,36 m. Autor: Joaquín Cabral Bejarano. Cronología: 1800-1850. Ubicación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Primer cuerpo de la calle lateral izquierda. Sobre San Felipe Benicio.
11.3 Denominación: Virgen de los Dolores. Materia: Madera y pigmentos. Técnica: Tallado, ensamblado y policromía. Dimensiones: 1,67 × 0,80 × 0,51 m. Autor: José Fernández Guerrero. Cronología: 1800-1850. Ubicación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Primer cuerpo de la calle central.
11.4 Denominación: Santa Juliana Falconieri. Materia: Lienzo, pigmentos y aceite. Técnica: Pintura al óleo. Dimensiones: 1,06 × 0,37 m. Autor: Anónimo. Cronología: 1800-1850. Ubicación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Primer cuerpo, calle lateral derecha.
11.5 Denominación: Sagrada Familia. Materia: Lienzo, pigmentos y
aceite. Técnica: Pintura al óleo. Dimensiones: 0,39 × 0,36 m. Autor: Anónimo. Cronología: 1800-1850. Ubicación: Retablo de la Virgen de los Dolores. Primer cuerpo de la calle lateral derecha. Sobre Santa Juliana Falconieri.

Cómo era la feria de Ubrique hace ochenta años

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

image Ubrique en 1932 (cuadro V, 9, de la obra “Sierra y campiña de Cádiz”)

En 1932 el erudito alemán Wilhelm Giese estuvo en Ubrique precisamente durante la feria, que se extendía, según indica, del del 14 al 17 de septiembre.

La descripción que hizo de esta fiesta aparece en su libro Sierra y Campiña de Cádiz, traducción al español de Nordost-Cádiz. Ein Kulturwissenschaftlicher Beitrag zur Erforschung Andalusiens (1937) realizada por Manuel Rivas Zancarrón y publicada por la Universidad de Cádiz. (En otro artículo de esta revista ya hemos comentado un apartado de esta obra clásica, esencial en toda biblioteca ubriqueña.)

Copiamos a continuación dicha descripción (páginas 354-357). Léanla, por favor, porque no tiene desperdicio y es sumamente entrañable para un ubriqueño. Habla de los fuegos artificiales, la caseta “El Jardín” (frente a la plaza de toros), de una compañía de teatro que vino a representar una obra con mucho éxito, y de otras curiosidades.

(Todas las ilustraciones de esta entrada son fotografías tomadas por Wilhelm Geise durante su visita a Ubrique en 1932. La música a la que se refiere en el texto es el pasacalle Los nardos, de la zarzuela Las Leandras.)

CAPÍTULO 10. SOBRE CULTURA Y SABERES POPULARES

Fiestas populares

[…]

No tan animada [como la de Ronda], aunque mucho mas típica en configuración, es la feria de Ubrique, que describiré como modelo de ferias de pequeñas poblaciones. No me referiré a otros lugares, que, en lo que he podido observar tras visita (Benaocaz, Prado, Villamartín), estas no son características o no ofrecen peculiaridades especiales.

La vida de la feria comienza en la víspera /bíspera/ (48), cuando los feriantes llegan buscando alojamiento a la ciudad en autobús, a caballo o en mulo desde distintos lugares. Ante la fonda se apiñan los arrieros con sus mulas, una estampa atractiva que aviva aún más la España de los románticos. Los arrieros y campesinos se albergan en el espacioso establo de la fonda, en donde se tienden a descansar al lado de sus animales.

imageCuadro XV, 30

Entretanto, encontramos a trabajadores que aún decoran la plaza para la fiesta. Las farolas se cubren con guirnaldas de hojas y papel, y unidas con maderas festonadas (nuevamente con guirnaldas) en tal forma que surge una especie de soportal (49). Los cristales de las farolas se pegan con papel aceitado, sobre el que se imprime el dibujo de colores. Se extienden cuerdas por encima de la plaza, sobre las que se cuelgan farolillos. También se decoran las placitas secundarias del lugar. Sobre el quiosco de la orquesta, en el centro de la plaza, toma posición una capillita para músicos, todos de uniforme (chaquetas azules y gorros blancos). Lo que le llama la atención al extranjero, como sucede en otros lugares del sur de España, es que entre los músicos se encuentren jóvenes de aproximadamente 14 años. Los conciertos se ofrecen al mediodía, por la tarde y por la noche, existiendo grandes pausas entre cada pieza, las cuales las aprovechan los músicos para mezclarse entre el público y fumar cigarrillos. Solo por la noche se hace mas continuada la serie musical. Otra vez se escucha la canción de moda de la temporada (50), silbada por los jóvenes en las calles y reproducida en otros lugares a través de altavoces desde un tocadiscos.

imageCuadro XVI, 32

Cuando atardece, la plaza empieza a llenarse cada vez de más gente. Por la noche, todas las sillas y mesas instaladas por los cafés se encuentran ya ocupadas. Las mujeres y jóvenes, con ropas modernas (51) y de colores claros, y los hombres, con su sombrero andaluz la mayoría y sin cuellos ni corbatas, se concentran cada vez en mayor número en la plaza, de manera que en algunas ocasiones ni siquiera se puede pasar entre la multitud. En ninguna parte, sin embargo, surgen aglomeraciones, ya que cada uno respeta, cortés y apaciblemente al que le rodea. Tres agentes de protección rondan de un lado a otro fumando cigarrillos, aunque sin nada que hacer. De vez en cuando se ve al brioso Jefe de Policía, que, al contrario de los agentes civiles de protección, infunde un claro respeto. De tarde en tarde aparece también un guardiacivil con su uniforme de conocidos adornos.

Entre la multitud se mezclan comerciantes (52) marroquíes ataviados con ropas de Fez, que deambulan de feria poniendo a la venta corbatas y efectos decorativos (anillos, pendientes, pulseras). Algún que otro mutilado –en su mayoría mancos de la mano derecha– va de un lado a otro cubierto con una caja provista de mirilla con el objeto de conseguir una perra chica. El mendigar de forma directa es poco habitual. La limosna se agradece con un “dios le dé salud, que vale más que el dinero” (/Djoh le dé salúd ke bále más ke el dinero/). Toda clase de juegos de azar se hacen con cartas o tablillas de madera (entre ellos el cinco de oro).

Ya entrada la tarde, los 15 cafés del lugar, los pequeños bares y las tascas experimentan una agitada afluencia.

En las plazas vecinas a la principal, en las que se instalan desde la mañana mercadillos, comerciantes ambulantes ponen a la venta durante todo el día productos de alfarería. Por la noche, encontramos aquí a un hombre con una ruleta de la fortuna: el juego es claramente inofensivo, se apuesta una gorda y pueden ganarse caramelos.

imageCuadro XII, 23

En la calle principal hay muchos tenderetes con chucherías y jueguecitos (53). Allí donde esta cruza con la carretera, se montan tiendas con pasteles y vino; hay columpios y carruseles antediluvianos. No faltan las casetillas para disparar. La gran atracción para los fotógrafos de la calle es un lienzo desenrollado sobre la pared de una casa, que representa un maravilloso mar romántico, un paisaje ajardinado o una villa pomposa. Podemos encontrar también, a la venta, yugos (54).

imageCuadro XVIII, 55 (lagar de uvas en los alrededores de Ubrique)

Delante del pueblo se celebran mercados de ganado. En una superficie al aire libre, frente a la plaza de toros, se ha construido una carpa para vender vinos, una especie de restaurante de verano llamado Caseta “El Jardín”. Allí, una banda de violines, flautas, dos guitarras y una batería toca a mediodía y por la tarde. Esta orquesta ofrece a los oídos variadas piezas musicales de Jazz y de corte popular, que predispone al baile. Se baila como se puede, y a la mejor pareja se le concede un premio. La participación en estos concursos es muy reducida. Aquel que tome algo de beber en la caseta obtiene una papeleta. El premio que se sorteó el 18 de septiembre a media noche consistía en “media caja de botellas de vino marca “Macharnudo” y un selecto y agradable jamón serrano”.

image Cuadro XII, 24

Avanzada la noche tienen lugar los fuegos artificiales. Una parte de los feriantes entran en las representaciones teatrales o de varieté. Una compañía de teatro de Madrid, que está de gira por la zona, representó comedias en una sala durante más de una noche. El espectáculo de varieté, frecuentado por mujeres, fue representado por una bailarina, una cantante y un cómico, y era de un alto nivel artístico. El personal femenino llevaba el traje popular andaluz, con la pomposidad que caracteriza a las folclóricas. Las bailaoras ofrecían sevillanas y malagueñas; la cantaora –una artista de procedencia marroquí–, cante flamenco (55), saetas y una canción árabe en esta lengua.

Notas:

(48) Castellano víspera < VESPER
(49) Cf. cuadro XV, p. 30
(50) En 1932 fue el Pasacalle de los nardos de la opereta Las Leandras (música de F. Alonso)
(51) Solo me ha sorprendido en la feria una chica con una bonita mantilla.
(52) Es muy raro encontrar en Ronda a una mujer marroquí con su traje típico; estas, pertenecientes a familias (emancipadas) del Marruecos español, vienen buscando tan solo el reposo durante la época más calurosa.
(53) Véase cuadro XII, 23.
(54) Ver ilustración 18a y a1.
(55) Aunque SCHUCHARDT (ZRPh V, p. 263) niegue la conexión del cante flamenco con la música árabe, esta no se discute, en cambio, en las investigaciones sobre tonalidad, armonía y ritmo realizadas por TORNER en FCE II, pp. 12 y ss. Quiero, además, añadir que, de mis diferentes viajes por Andalucía (Granada, Sevilla y Jerez), he podido determinar, tanto en el cante flamenco como en las saetas el uso de cuartos de tono (esto es, semitonos impuros) algo que pude observar también en las funciones musicales de Tetuán y que debería ser investigado con más detalle (cf. mis referencias en Ethnologischen Anzeiger IV, 7). La cantante que actuó en Ubrique confirmó con su cante flamenco y su canción árabe la homogeneidad existente entre ambos. No es tampoco una coincidencia que una marroquí haya conseguido una fama extraordinaria como cantante de flamenco y que haya sido acogida con fuertes aplausos por un público muy entendido.

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(Más fotos de la feria antigua de Ubrique en el blog de Manuel Cabello y Esperanza Izquierdo (1, 2).)

Cómo era Ubrique en 1931 según escribió un niño de la época en la revista Balnco y Negro

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

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En otra entrada de esta revista recogíamos la visión de la feria de Ubrique que trasladó a la posteridad el erudito alemán Wilhelm Giese en 1932. Ahora comentaremos cómo un niño ubriqueño, Luis Romero Romero, de 12 años, describía a su pueblo en 1931 a toda España en la sección Gente Menuda de la revista Blanco y Negro. Lo pueden leer aquí.

Nos ha llamado la atención que, en su escrito, Luis Romero llama Ocurris a las ruinas del Salto de la Mora, antes de que Fray Sebastián plasmara esa forma del supuesto nombre –el fraile escribía Occurris– en su Historia de la Villa, de 1944. (Ya se sabe que la tendencia actual es a denominarlas Ocuri, si bien existe una moneda en la que se lee Oqvr (Ocur).)

Entre las figuras ubriqueñas el niño menciona al Beato Diego José de Cádiz, que vivió en su pueblo hasta los 14 años, volviendo después por seis años más.

Por otro lado destaca que Ubrique tiene “estafeta de correos de primera categoría, estación telegráfica del Estado, alumbrado eléctrico y servicio diario de autobuses a Sevilla, Jerez, Cortes y Ronda”.

Explica que “Ubrique se ha desarrollado enormemente en nuestros días”, que cuenta con 9.000 habitantes, que ha pasado de población agrícola a industrial, fabricando curtidos, tejidos de lana, petacas, carteras y demás artículos de piel, los cuales, por su “cosido especial a mano” tienen “acreditada fama en toda España y el extranjero” y son “objeto de activa exportación”.

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El niño Luis Romero termina su descripción del Ubrique de 1931 así:

Todo el pueblo parece una gran fábrica continua, pues tanto en los talleres como en las casas, el trabajo se hace a mano por numerosos obreros y obreras.

Hay muchos edificios modernos en sus calles bien urbanizadas y limpias, siendo estas en general pendientes, y existiendo una hermosa plaza en el centro del pueblo.

Tiene una importante feria durante los días 14, 15 y 16 de septiembre.

***

La Divina Pastora del ubriqueño Fernández Guerrero está catalogada dentro del inventario de Patrimonio Mueble Barroco de Andalucía

JOSE MARÍA GAVIRA VALLEJO

image image(Foto: Inmaculada Salinas)

imageBajo la denominación de “Divina Pastora”, “Grupo escultórico de la Divina Pastora” o “Retablo de la Divina Pastora” tiene la Junta de Andalucía catalogada oficialmente como parte del Patrimonio Mueble Barroco de Andalucía la escultura de la imagen, obra que los expertos atribuyen al imaginero ubriqueño José Fernández Guerrero (1748-1826)..

Se trata de una talla policromada de 1,20 x 0,80 x 0,70 m que se considera perteneciente a la escuela sevillana y se conserva en el Convento de los Capuchinos de la capital andaluza.

Aquí puede obtenerse mucha información sobre esta escultura. También, en el libro de Juan Martínez Alcalde Sevilla Mariana. Repertorio iconográfico (Guadalquivir Ediciones, 1997, 147, ISBN: 84-8093-009-8).

 (Foto: Rafaes.com)

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